martes, 23 de enero de 2024

 

A los saltos   (por Daimon)

 

 

La comisión deportiva de Villa Insatisfecha, un pueblo en el costado flaco de la Provincia de Buenos Aires, contrató al turco, Abdul Demir, para organizar una competencia representativa. Debían revitalizar la imagen de su terruño para motivar al turismo zonal. 

El inmigrante, que estaba en el declive su carrera profesional, era un septuagenario con cierta reputación por hacer de Estambul un sitio reconocido por sus juegos primaverales. Pero, una cosa es Turquía y otra, muy distinta, Villa Insatisfecha, donde las gallinas campean a sus anchas sobre el pedregullo de los caminos y las loras abruman con sus parloteos desde las copas de las palmeras, que el fundador del pueblo plantó, con insidioso esmero, ciento veinticuatro veranos atrás.

Cosa distintiva son las comadres que atacan como jejenes a los pocos viajeros que se desvían de la ruta interprovincial para conocer el tranquilo pueblo, beber un refresco bajo el alero del almacén de ramos generales y degustar una sabrosa picada de quesos y fiambres locales.

La primera en avisparse de cada arribo es doña América. Sin demoras, sale a barrer con su escoba de paja y se va acercando a los turistas, despacito, como lince al conejo. 

¿De donde son ustedes? ¿Qué los trae por acá? Comienza su plática con sutileza y persiste, lanzada y sin miramientos.

Pero que guapa la buena moza, parece Lady Di cuando estaba viva.  

¡Ay, Don, se le ha caído el pelo! Un despelote la ciudad ¿no? Estrés le dicen. ─ asegura arrugando la nariz, mientras se acomoda algún rulero flojo. La inquisidora mujer, de vestido floreado y delantal, tiene bien estudiadas sus preguntas y, según la cara de los visitantes, tantea con cuidado o dispara a mansalva.

Quédense unos días en la casa de Eulogia. Es como un hotel de pueblo, vio. Lo único molesto son los mosquitos, a la noche, y los perros. Tiene ocho, pero son mansitos como agua de tanque. El galgo tira a los garrones, si uno le pasa muy cerca, claro. Está casi ciego de puro viejo y… algo trastornado. Quedó mal por un petardo en año nuevo, pobrecito. Aquí le tenemos lástima. ¡Vamos, quédense!, les vendrá bien un descansito. Si sigue así, Don, va a quedar liso de la cabeza como el de Rápidos y Furiosos, ¡ja! Televisión satelital, no va creer. ¡Estamos al día acá, ja, ja! ─insiste la chismosa y no suelta a su presa hasta convencerla. En Villa Insatisfecha es conocido el arreglo que tiene con Eulogia por cada huésped que llega a su hospedaje.   

Ese año, el destinado al gran evento deportivo que revitalizaría la imagen del pueblo, el calor estaba áspero como chupetín de piedra pómez y el turco Abdul, como lo llamaban los parroquianos, lo sufría terriblemente.

La temperatura agobiante, la escasa paga del pequeño municipio, los pueblerinos, que revoloteaban a su alrededor con estúpida curiosidad y que, encima, lo habían tomado de punto cuando aterrizaba por el bar a jugar al truco. Todo eso, sumado, hizo crecer en él una suerte de venganza creativa contra aquella camada de gente tosca que lo había contratado, más por su bajo presupuesto, que por sus pasados logros.

Abdul tenía una obsesión con el truco. Le encantaba ese criollo juego de naipes, pero era un karma que lo condenaba a la cíclica humillación. No tenía la natural “viveza timbera” que era indispensable para ganar al maravilloso juego. Por el contrario, el turco metía la pata todo el tiempo, mentía mal y no le salían las señas con las que debía informar a su compañero acerca de las cartas que tenía en su mano. Había sufrido un pico de presión y una hemiplejia le había dejado secuelas en su rostro. Se esforzaba para hacer las muecas correspondientes. Si un dos equivalía a un beso, él parecía estar besando a una elefanta enamorada en la trompa, todo fruncido e incómodo. Si le tocaba el siete de espadas, torcía los labios hacia la derecha y se le trababa la boca. Los adversarios, sin poder contener la risa, inmediatamente, descubrían las cartas que tenía. Para burlarse más de él, daba la casualidad que siempre le tocaba de compañero el “chicato” Ruiz, que tenía dos catalejos por anteojos y a pesar de que el turco Abdul se despanzurraba con cada gesto el “cuatro ojos” no alcanzaba a distinguir.

Como colofón para las tardes de dinero apostado y perdido, al salir del bar, Abdul  Demir solía tropezar con el galgo loco de Eulogia, que tenía la maña de olfatear escarabajos por el pasto cuando los muchachitos traviesos dejaban de tirarle piedras. El turco terminaba a los saltos esquivando los tarascones del perro ciego y malhumorado y puteando en turco, que es lo mismo que maldecir en sanscrito.

Se cree que lleva mucho tiempo para que un volcán activo colapse y explote. En el caso de Abdul Demir, las capas tectónicas de su paciencia se comprimían sin pausa y la catástrofe estaba a un pelo de suceder. Si no hacía nada para aliviar su frustración, “el gran diseñador de eventos” estallaría y perdería su trabajo. Pocos lo sabían, pero era un hombre acabado, su cuenta bancaria estaba en rojo y no tenía muchas opciones de empleo. Lamentaba que sus huesos hayan terminado en un lugar alejado de la gracia de Dios, como aquel.

Cuando el turco presentó la carpeta con la ”original” competencia a la comisión de Villa Insatisfecha, los organizadores quedaron perplejos por lo extraño y novedoso de su propuesta. La reputación del hombre les hizo confiar y dispusieron todo para realizar el evento. El  ”baisano” venido a menos, que de tanto truco alguna picardía había aprendido, apuró la cosa y dejó poco margen para el entrenamiento de los improvisados deportistas; apostaba todo para divertirse a lo grande con ellos. Lograr que esos criollos, matungos y panzones como bagres de laguna reservada, hicieran cualquier movimiento gimnástico, era igual de complicado que hacerle tira de cola y cavado a un búfalo. Varios quisieron participar, solo por estar aburridos y pasados de caña con ruda.

En el hospedaje de Eulogia, unos recién llegados estiraban las piernas sentados en las reposeras junto a los malvones, mientras alimentaban al galgo demente con Criollitas y bizcochitos de grasa. El pobre animal, que por la dejadez de su dueña comía a los saltos, meneaba la cola como si le hubiesen otorgado el nobel al perro perdicero. Entre los visitantes había un reportero del Heraldo Sureño, un semanario medio pelo y sensacionalista que cubriría el evento trascendental del pueblo, hecho que se había anunciado, con bombos y platillos, por toda la zona. Dustin, así llamaba al galgo nervioso, el muchacho reportero. Aseguraba que el hirsuto y mal querido perro tenía el rostro de Dustin Hoffman con un ataque alérgico.

El domingo, temprano, arrancó la innovadora competencia en equipo: carrera de embolsados con copiloto. Los vehículos eran dos arpilleras grandes, cosidas a la par. El embolsado de la derecha, mandaba y, el de la izquierda, acompañaba con la hoja de ruta. El circuito era estrecho, ripioso y bastante irregular. Por el lado izquierdo, estaba el zanjeo que drenaba el canal seis, con poca agua y muchos mosquitos; por el derecho, la estancia de Casimiro Cuevas y el feed lot del frigorífico Sur. El olor a bosta y barro pisoteado era insoportable y, para colmo de males, gran parte del trayecto era una pendiente de unos veinticinco grados.

Once equipos competían en el tremebundo rally y el lugar rebalsaba de gente. Antes del disparo de largada no volaba una torcaza, el aire estaba tenso como novio de visita y los corredores estiraban el cuello como, si por ello, hubiera un impulso extra al largar. Cuando tronó el escopetazo y salieron atropellando en un frenesí de grotescas sirenas en arpillera; el equipo de la Garza Estigarríbia y el Pelado Nahuel, picaron en punta. Iban a los saltos, sujetando bien las bolsas, como pistones de un motor aceitado. La gente, enloquecida, alentaba al extraño espectáculo. El problema, para el equipo puntero, era la Garza. Un tosco gigante que medía cincuenta centímetros más que el pelado; por lo tanto, el desesperado copiloto, se descocía saltando para emparejar a su largo compañero. En la primera curva, el pelado no dio más y se fue de bruces al zanjón, arrastrando con él al orgulloso piloto, que aleteaba como loco, enredado en la arpillera e intentando, en vano, evitar el apocalipsis de mosquitos que se los iba a comer.

¡Eso te pasa por trampear al mus!le gritó el Roncha Martínez, del equipo que les pisaba los talones. Venían embalados, como canguros escapando del fuego. Pareja de la timba, se conocían bien. Saltaban parejito y comían terreno como en la rayuela. Ni las boinas se les volaban; los morochos iban de cara al viento, saboreando la victoria. Una pinturita, hasta que el copiloto piso una espina de tala, aguda y larga, como el remate de una soprano en el Colón, que le traspasó la alpargata de yute y, por poco, le desinfla el alma. ¡Cómo puteaba ese cristiano! En pampeano, en guaraní y en arameo antiguo, saltando en una pata y sin soltar la arpillera. Sumó tres zancadas martirizantes y clavó el ancla, ahí nomás.

¡Jodéte por guampudo!Le gritó el piloto del equipo de atrás, el tercero contando con el de la malograda Garza. Al instante y, por pésimos deportistas, fueron atropellados por los gorditos Popovich. Los  panza de agua venían rodando cuesta abajo y, por desgracia, otro par de paisanos: el Colorado Manrique y Obdulio Valdez, también cayeron en la embestida, masticando polvo y pedregullo, en un amasijo de criollos, arpilleras y pañuelos al cuello, que daba gusto ver. Rodaron como un ovillo de lana, levantando abrojos y topando cardos por la banquina derecha, pelándose hasta los huesos. “Si no fuese por el alambrado, todavía estarían dando vueltas”, dijo un viejito en la panadería, días después.

A todo este desatino, el manco Cárdenas, se las arreglaba como podía para sujetar su bolsa mientras que, su copiloto, el matemático Estrada iba compenetrado en la hoja de ruta.

¡Larga tres derecha, no te pases… tres izquierda… se cierra…, ojo… ¡Cuidado, vizcacha!gritaba desaforado y saltaba a la vez, pegado a su compañero.

A pocos metros, el  “vasco” Fernández, con Benítez, el talabartero del pueblo, venían incómodos y complicados como rengo con diarrea, porque se les descocían las bolsas. La cara del vasco lo decía todo, tenía una sola y tupida ceja, ¡la envidia de cualquier ciclope!, que llevaba fruncida a más no poder. Sabía que se le venía la catástrofe… y así fue. Las bolsas se abrieron al medio y Benítez se fue al zanjón escarbando el aire como el hombre araña cuando se queda sin tela. Por su parte, el vasco se llevó, con el último manotazo, al manco Cárdenas y de un tirón. En el violento viraje, al copiloto Estrada se le terminó la cháchara y pasó por encima del alambrado cabeceando un nido de hornero. La explosión de barro hizo que los  restantes competidores pararan a ayudar; menos, el “finoli” de Julito Reyes y Poroto Nader, su copiloto. Siguieron solos, saltando como ranitas y buscando la meta. Por malos compañeros, a Poroto se le acalambró un femoral y, ambos, tuvieron que salir de sus arpilleras para estirar las piernas; en ese instante, el galgo esquizoide de Eulogia, con tanto alboroto cruzó por debajo del alambrado y empezó a repartir tarascones, en un justo desapruebo de competidores. Luego. Iluminado por algún dios perruno levantó una de las bolsas cosidas con el hocico y fue disparado hacia la meta. Hay algunos espectadores que aseguran que el perro loco corrió como chita prendiéndose fuego todo el trayecto hasta cruzar la línea.

Al mediodía, el turco Abdul Demir, después de revolcarse de la risa, coronó a al único  competidor que pasó, embolsado, por línea de meta: el galgo ciego y volado. Por suerte, ahora tenía un nuevo dueño que lo había bautizado: Dustin.

 

 

 

 

 

 

Nota del autor 

 

Este relato es muy simpático. Comenzó siendo más breve, destinado a un concurso humorístico. Lo malo de los concursos son sus limitaciones y lo bueno, es que invitan a la reescritura de los relatos. Este fue ampliado y mejorado.

En un primer plano podemos apreciar el cómico acontecer de la vida en Villa Insatisfecha y malintencionado/gracioso concurso de embolsados. Con ello, ya tememos bastante entretenimiento. No obstante, en un segundo plano, el relato nos cuenta acerca de los perdedores y como, éstos, se desenvuelven. El turco que está resentido por su realidad y pergeña una venganza curiosa, el galgo que es cascoteado, mal alimentado y se la pasa mordiendo como manifestación por su desdicha y, hasta la misma América, que no le queda otra que chismorrear y conseguir alguna ganancia en lo limitado de ese pueblucho alejado y aburrido.

Por último, casi como una moraleja, el relato nos habla de que los últimos pueden ser los primero. Léase: Dustin llegando a la meta, mientras los demás han quedado en la rodada, y con la suerte de tener un nuevo dueño, más amigable.

Tal vez lo notaron o tal vez no, pero al perro lo humanicé a través de citar diferentes formas de locura. Cosa que lo acerca a cada uno de nosotros. Y, para acompañar al título, los protagonistas, en algún momento están “a los saltos”.   

 

La controversia Marrash   

 

El último día de pasión ­Farfullaba, entre dientes, Farid. Observando, siempre de cerca, el amorío de su hermano con su dulce prometida. Con su mano izquierda montó sus lentes negros por encima de la pendiente superior  de su nariz aguileña. Había una resolana, entre ligeras nubes, que lastimaba a sus ojos cafés y, además, era preciso disimular la mirada, pues así lo habían conversado en ese triángulo habitual.

El árabe sudaba, el calor húmedo de esa tarde había atraído a una mosca, gorda y cargosa. Volaba rasante, se posaba y volvía a alzar el vuelo arrobada con un pliegue de su frente de tono aceituna. Con un hábil movimiento de su labio inferior, Farid sopló hacia arriba y logro espantarla.

Esta vez, se sentía más incómodo que en otras ocasiones pero, haría lo posible para no molestar. Por otra parte, sus demonios interiores pujaban por complotarse en contra de ese intenso y romántico momento.

Farid era el más temperamental y mezquino de los hermanos Marrash, su madre siempre lo regañaba por eso.  Ahora, ella no estaba para reprimirlo, su ancianidad y un principio de Alzheimer tampoco se lo permitiría. El moro se salía de la vaina por hacer alguna trapisonda.

Amin era el dandy, su bigote arqueado y afinado, junto al pulido brillo de sus dientes y el perfume francés, omnipresente, lo demostraban. Culto y moderado, solía recitar la profunda poesía de Nada el Haye, bajo las espléndidas lunas del desierto.

Con la cadencia de su voz grave le hacía el amor al oído de las jóvenes mujeres. Deslizándose suavemente por el canal de Hélix, penetrando el conducto auditivo externo hasta sentir la membrana timpánica y acabar, profundo, en la trompa de Eustaquio. Tan intensa era la voz de Amin y tan emotivo su recitado.

“Que el que alcanza una estrella conquiste el cielo. Que el que toca el fuego sea atravesado por relámpagos”

Cómo no caer rendidas ante palabras tan bellas y poderosas, por la voz cantante de una alondra ibis como era él. Un macho llamando a su hembra, a pulmón pleno, en las tórridas arenas del océano amarillo.

Amin oyó el desplante verbal de su hermano Farid; imposible no escucharlo si él era la cruz de su vida entera. En su corazón había paz y según él, el rencor era un cactus lejano del que nunca bebería su savia. No así su hermano, siempre inquieto y tironeando situaciones, insatisfecho con él mismo y el lugar que la vida le había dado.

Acaricio los cabellos azabaches de su amada, deslizando su mano derecha con la seguridad de un artesano del vidrio y la suavidad de un anciano fakir. Ella, embelesada, no podía pensar en otra cosa que esos ojos profundos, sugerentes y masculinos, que la desnudaban al compás de las poesías, cuando caía el sol y la luna resplandecía.  Y así se besaron, abstraídos del mundo y con suma pasión, en el viejo andén de la estación con el hormiguero de personas, yendo y viniendo.

El particular perfume de la mujer alcanzó la nariz de Farid y, llevado por las notas cítricas del cardamomo, no pudo más que sentir una profunda envidia en su estómago contraído. Confundido y con una vergonzosa erección giró su cabeza hacia la boletería, intentando no pensar.

La maravillosa mujer, en su blanco y fresco vestido, cogió la maleta y subió al tren para partir a Marruecos. Cuando las ruedas de metal comenzaron a girar, lágrimas contenidas cayeron por las mejillas de Amin Marrash.

La mano izquierda de Farid Marrash extendió un pañuelo de seda y secó las lágrimas de su hermano gemelo, sintiendo culpa y recelo en la misma medida. Las diferencias en sus rostros, más que en lo estético, se percibía en las expresiones. Farid tenía las facciones de un hombre azotado por implacables tormentas de arena y los devenires de una vida nómade, mientras que, Amin era el risueño portador de un aura de santidad.

¡Te oí, maldito susurrador!espetó Amin alzando su voz. Su semblante ya no era de tristeza sino, de ardiente enojo. Estaba cansado del lastre que representaba su egoísta hermano, que era el único capaz de agitar las aguas calmas de su lago espiritual. Sin duda, había rebalsado la represa de su tolerancia.

¡No es mi culpa que compartamos el mismo cuerpo, estoy harto de ti!respondió Farid, sin bajar la guardia y quitándose los anteojos para el sol mientras, la mano derecha de Amin se elevaba con gestos amenazantes. El cuerpo robusto parecía recibir impulsos eléctricos de ambos cerebros y de modo alternativo, se movía frenético y en un espacio reducido, como si las piernas luchasen por ir en direcciones opuestas. Nunca antes la discusión había sido tan encarnizada.

Ambos comenzaron a reprocharse cosas pasadas y venideras, aun sabiendo que deberían llegar a alguna clase de  acuerdo o, como ellos le decían, “un ritual necesario”. Mientras tanto, las voces se alzaban una contra otra, como  sables de jinetes musulmanes acometiendo en lo fragoroso de una batalla.

Aquellos que los conocían pasaban sin reparar en el espectáculo, cargando bolsos y preocupaciones. Los que nunca los habían visto, se detenían a distancia, para observar la insólita y teatral controversia. Un cargador con turbante blanco y camisola de lino, pasó con su carreta cargada de bultos y paró en seco, pensó en separarlos ante la acalorada discusión. No pudo más que reír, al reflexionar sobre su absurda buena intención.

─ ¡Por Alá! ─exclamó una anciana hija de beduinos, que vendía panecillos con jengibre para la muchedumbre diaria. Su rostro, curtido y ajado, demostraba haber presenciado muchas extrañas cosas en su larga existencia, pero nada como aquel grotesco fenómeno de feria.

Mientras el  tren se perdía en el horizonte anaranjado, lila y brillante, apartando dos mitades de un fogoso amor; en el andén y ante un público variopinto, bicéfalo Marrash permaneció un buen rato discutiendo, tan cara a cara, como el giro que esos cortos y venosos cuellos le permitiese.

 

 

 

 

Nota del autor

 

Este es el cuento típico que se precipita hacia el final. Con este tipo de relatos se busca dar pocos indicios del desenlace, así el efecto es mayor. Hay que conducirlo con cuidado mostrando la carretera, los carteles indicadores, la pendiente pronunciada o al chofer al volante, pero nada del destino o  muy poco de él. Jugar con el momento y lo que acontece, entre detalles trabajados, que distraen pero no dejan de inquietar.

Para darle color pensé en Marruecos, en los desiertos, en la belleza de África y, por supuesto, estudie cuestiones relacionadas. El vocabulario es limpio y perseguí el buen gusto por las palabras. Aromas y sensaciones, están presentes y el tren… El tren siempre es bueno en una historia, sinónimo de viaje y de ilusión, también de partida y desarraigo.

Lo antagónico se muestra desde el principio y es el eje de la historia. Como Caín y Abel los hermanos se confrontan pero, en este caso, lo absurdo choca de improviso y obliga al acuerdo.

Fortalece la visión el cargador y la anciana que vende en el andén, son puntos de vista diferentes: la risa y el horror, también antagónicos.

La imagen del bicéfalo fue la primera que tuve gracias a un noticiero donde se mostraba a un ternero recién nacido con dos cabezas bien formadas. En ese instante pensé: ¿y si esos terneros tuviesen un amor? Más adelante cito que es importante nutrir a la imaginación, de la fuente que sea.

Todo el condimento del relato fue razonado y llevó trabajo, varias reescrituras y correcciones. No tenía mucho sentido extenderlo, a veces la brevedad suma.

 

 

 

 

3 de abogados de 300 palabras

 

Hoplita  

 

El joven abogado de oficio cavilaba, mientras esperaba a una clienta. Debía tres meses del alquiler de su oficina. Necesitaba un aliciente.

Samanta entró. Un metro setenta de feminidad, bucles borgoña hasta la cintura, ojos melancólicos. Una escultura de Rodin, perfecta.

─Hola abogado. Vengo a denunciar a mi madre por hostigamiento. Hace años compite conmigo, ya tengo 18. Perdí novios por su embrujo de medusa. ─dijo, compungida.

En ese instante, entró su madre. Metro ochenta de estatura, rubia platinada, voluptuosa y pulida, al extremo, en el gimnasio. Si la hija era un transbordador; la madre, el cohete Saturno.

─Guapo muchacho, esto no es necesario. ─aseguró la amazona.

─¡Mamá…! Me imitas hasta en la ropa interior. ─Explotó la pelirroja.

─¡Delirante, demuéstralo!

La joven, furiosa, expuso sus pechos  en lencería fina y bajó su jean.

─¡No es necesario! ─gritó el abogado. Su corazón palpitaba encabritado.

La madre la imitó, encima, ambas se giraron. Dos colas, turgentes y de torneo, invitaban al desenfreno. El abogado transpiraba a mares y una erección brutal amenazaba con destruir su pantalón de vestir.

─Bomboncito,  transpiras. ─dijo el cohete, mientras le secaba la frente con su pañuelo.

─¡¡¡Es “mi” abogado!!! ─insistió el transbordador. Con mano suave acariciaba su pecho.

Las desnudeces, el perfume y las caricias obraron. El abogado estalló manchando, intensamente, su pantalón.

─¡Dios, qué semental! Lo que pida por sus servicios. ─exclamó la madre y mostró una colección de tarjetas de crédito. La muchacha lloraba.

Por fortuna, un abogado de oficio es un guerrero que le hace frente a muchos casos. Sin pausas, le quitó el aliento a la joven con un beso de celuloide.

─Retírese señora, su hija es  ”mi” defendida. Pasará, usted, por una evaluación psicológica. ─afirmó el hoplita, con enhiesta lanza amenazando desde el pantalón humedecido.

Al fin, el transbordador había vencido.

 

 

 

Ticket 

 

 

Año 2.044, ciudad: Nueva Buen Aire, 02.00 am. Logan Gonzáles, esposado, llegó al recinto, con un dron policial, custodiándolo.

La Cámara Electrónica de Justica no descansaba, su inteligencia artificial determinaba la magnitud de un crimen y dictaba sentencia, expeditivamente.

Un abogado asignado, humano, aguardaba dentro pronto habría androides juristas. Había solicitado un habeas corpus pero, fue desestimado. Debía presentarse, ante la Cámara y con su defendido, para probar su punto.

Como abogado de oficio, era un lujo rechazar casos; mísero, era el salario del Estado.

La consternación de Logan sobrecogió al letrado. Extendió sus manos engrilladas para un cálido apretón.

─Por lo leído en el expediente, deduzco que este es un caso repetido. Los delincuentes camaleones suplantan identidades con artilugios de silicona y sensores para los escáneres biométricos, suelen mimetizarse con los movimientos de los expoliados. ─Relate donde estuvo durante las horas del homicidio que le imputan.  ─dijo el abogado y conectó su dispositivo de interconexión neuronal a la consola.

─Salí de casa y tomé el metro azul hasta Agronomía ─relató Gonzales.

─Clave: Usuario 48007 G. Directiva 1: Fecha: homicidio Regina Díaz. Localizar chip integral del imputado en el arco de acceso al meto azul. Confirmar biometría. ─ordenó, el defensor, a la máquina pensante. En el panel frontal, apareció una luz verde: positivo. 

─Compré churros, para mi novia en Churromax. Hicimos el amor en su casa, cerca de la facultad ─agregó.

─Directiva 2: misma fecha, geolocalización del imputado en Churromax, barrio Agronomía. ─ordenó, tajante. Luz verde, otra vez: positivo.

─Directiva 3: misma fecha. Localización biométrica del imputado, cámaras: Facultad de Agronomía. Rastreó satelital térmico y huella termodinámica, domicilio de la pareja. Tercera luz verde.

De inmediato, la Cámara Electrónica de Justicia emitió un ticket, decía: Probado conflicto biométrico, Logan Gonzáles, sobreseído. Hágase justicia.

El segundo saludo fue sin esposas.

 

 

 

Mamá    

 

 

Yael Díaz, mujer hermosa y oportunista, fue infiel a su marido, el abogado de oficio Juan Manuel Rodríguez. Lo abandonó junto a su hijo bebé, durante tres años. Él hombre confundido pero, aún enamorado, redobló sus esfuerzos como abogado novicio para criar a su hijo, esperando que su preciosa mujer recapacitara y volviese.

Nahuel creció en los brazos de su papá, que cambiaba sus pañales, lo acunaba y cuidaba, sin descanso, como cualquier madre.

Cuando Yael Díaz regresó, pidió tener los fines de semana a su hijo y dinero. Argumentó que necesitaba un tiempo para vivir sola y reflexionar. Le salió bien pues, a las bellas, les suele salir bien. Luego, por medio de una abogada, costosa y eficiente, solicitó el divorcio, una mayor suma de dinero y la tenencia de Nahuel

Hubo dos mediaciones ante la Jueza Julia Mardones, la primera infructuosa y, la segunda…

─Señora abogada, señor… ─dijo la Jueza y, antes de continuar, el abogado le alcanzó un documento de identidad de su bolsillo, que la letrada inspeccionó, asombrada.

─Abogada Manuela Rodríguez, conforme a la ley argentina, que es expeditiva en el cambio de identidad sexual soy, ahora, mujer de pleno derecho y madre de Nahuel. Pido, en condición de madre que ha criado muy sola a su hijo, la custodia del niño y sea revocada toda manutención. ─dijo “la abogada”, con vehemencia.

Nadie esperaba aquella jugada radical, menos, la abogada de la otra parte, que quedó perpleja.

─¿Y vos, cómo te sentís Nahuel? ─preguntó la Jueza, para distender.

 ─¡Bien… con mamá! ─exclamó el pequeño, sonriente y abrazando a Manuela.

La doctora Julia Mardones, madre de tres hijos, contuvo las lágrimas.

─Abogada Manuela Rodríguez, su pedido es razonable y lo evaluaré a conciencia. Sugiero que se aféitese mejor, de acuerdo a su condición de madre, ¿comprende?

 

 

 

Nota del autor

 

Estos relatos fueron a concurso, todos debían mencionar a abogados de oficio. Encaré el desafío porque no sabía demasiado sobre la realidad de dichos juristas. Me enteré de muchas cosas. Eso es lo bueno de escribir, hay que investigar.

Los tres tienen 300 palabras, ni una más, ni una menos. Para lograrlo, además de tener una idea que valga la pena, se debe escribir algo que no exceda una carilla. Una vez concluido el relato, se estudian los puntos fuertes del mismo y se va recortando lo que no sea importante. Podar un párrafo y, otro tanto, el otro y continuar, así.

Irá tomando forma, lleva algo de tiempo. Para ahorrar palabras se pueden utilizar sufijos, sin exagerar. Eficientemente, por de manera eficiente. No recomiendo más de dos en el relato. Ayuda mucho el buen uso de las comas y del punto y, por supuesto, oraciones cortas y precisas que nos den la información necesaria.

A todo esto, hay que cuidar el mensaje y dar un final contundente. No crean que será pan comido, habrá que trabajar. La idea debe estar clara y los escenarios reducidos. Con pocas palabras se puede describir un espacio opresivo o acogedor: apenas entraba luz por las ventanas tapiadas, sombras añejas languidecían en los rincones o los leños crepitaban y un aroma a café flotaba en el cuarto.

No hachen de una, pueden hacerlo con tiempo, dejen descansar el relato. Hay que rebajar con pericia y no con premura. Cada línea debe encajar como en un preciso rompecabezas y nada quedará al azar. Suerte.

jueves, 26 de agosto de 2021

Colegas escritores y amigos lectores, quiero presentar a una verdadera luchadora por la cultura y las letras: La señora Elsa Torres y su maravilloso proyecto editorial. 



En sus propias palabras:

Nuestra Editorial de libros populares ubicada en San José, Almirante Brown, nació como una proyección de lo que fue la revista Encontrarnos que se publicó entre 2004 y 2015. En la nueva etapa decidí transformar las notas e historias interesantes que me contaban los vecinos y vecinas en libros que perdurasen en el tiempo. Además, poder ofrecer la posibilidad a los escritores y escritoras que puedan publicar sus obras a un precio accesible. En nuestra sociedad la escritura y la lectura ha sido siempre muy elitista. Fue un símbolo de las clases más altas de la sociedad. En los barrios humildes nadie nadie tenía una biblioteca en la casa y mucho menos escribía un libro. Incluso se consideraba que las historias de esas personas trabajadoras no eran importantes.


La propuesta de Ediciones Encontrarnos es, no sólo que la gente pueda publicar sus libros, si no que esas obras también llegue a los barrios humildes. Así surgió el primer libro escrito por mi padre, Abundio Torres "Mi primer quebracho". Donde cuenta su vida de obrajero y cosechero golondrina en Chaco, Salta y Jujuy de los años '50. Un excelente testimonio contado en lenguaje sencillo que realza la importancia de trabajadores y trabajadoras de la época. El segundo libro fue de mi autoría, "Historia de la Escuela 36. Barrio La Gloria." Que cuenta la gran gesta de los y las habitantes de los primeros barrios que conforman el conurbano bonaerense, para conseguir fundar y construir con sus manos una escuela para sus hijos e hijas. El tercer libro que da identidad a nuestra editorial es "Sueños Descalzos". La obra que descubrió como una gran escritora a Sandra Mierez. Allí cuenta magistralmente su extrema pobreza en la provincia de Corrientes y cómo se fue superando. A partir del éxito de su primer libro decidió dedicarse a la escritura y usarla para visibilizar la lucha de las mujeres por un mundo más equitativo. Así publicó "Las Violencias que no se ven", "Las otras mariposas" y "#BrechaSalarial. Violencia patriarcal" En 2019 creó la Fundación Sueños Descalzos y allí el CEIQS (Círculo de Escritorxs Independientes de Quilmes- Solano). Desde ese espacio concretó su última obra literaria "Primera Antología CEIQS" realizado por una cooperativa de autores y autoras que promueven la publicación de obras inéditas. De ese libro participó el autor de este blog, Miguel Flores Manzo. Ediciones Encontrarnos ha publicado más de 30 títulos de distintos autores y autoras independientes. En mi caso, como escritora, además de "Historia de la Escuela 36" ya mencionado, escribí el libro "Recuerdos Historias y Testimonios del Ferrocarril Provincial", "Juventudes que iluminan", "Encontramos Extraordinaria" y el más reciente "La Vida en #ModoMargarita" que lo presentamos en la plaza con gran concurrencia de público. Es la historia de mi hija Margarita Godoy, que ha dedicado su vida a la cultura popular. Fue cineasta, fotógrafa, conductora de radio y de Eventos populares. Feria del libro local Encontrarnos Una actividad que surgió de nuestra editorial es la realización de una gran Feria del Libro Local en el barrio San José. Esa idea nació a partir de comprobar que nuestros vecinos y vecinas por más que les inviten, no concurrían a las ferias del libro tradicionales, que se realizan en las grandes ciudades. Entonces pensamos que si pudimos hacer una editorial acá en el barrio, también podemos hacer una feria del libro. Así fue como, con el apoyo de gran cantidad de escritores y escritoras, de vecinos, vecinas, de la Delegación Municipal, y fundamentalmente de la familia, se realizó la primera y la segunda "Feria del Libro Local, de Artistas, Artesanas y Encuentro de Entidades" con gran éxito. La tercera edición de la Feria se llevará a cabo el 24 de octubre (siempre que nos cuidemos y podamos realizar actividades de manera segura). Autores autores a las entidades En el marco de la feria del libro promovemos una importante actividad que es la visita de autores y autoras locales a escuelas, jardines de infantes, centro de jubilados, comedores. A grandes rasgos queda presentada la actividad de Ediciones Encontrarnos. Nunca hemos hecho publicidad en los medios de comunicación, porque nos interesa conservar el espíritu inicial de la propuesta: Ofrecer un espacio para que los escritores y escritoras populares puedan publicar sus libros. Gracias por leer hasta acá. Gracias por ese espacio. Quedo a tu disposición. Elsa Torres La Calandria 1299, San José, Almirante Brown 1164128657 edicionesencontrarnos@gmail.com


Sin duda alguna Elsa Torres y su editorial son un refugio para los escritores independientes. A la medida de los que desean dejar su testimonio de vida en un libro. Hacemos un sentido homenaje en este espacio, a la escritora Sandra Mierez, fallecida por Covid. Su obra escrita perdurará gracias al dedicado trabajo de Ediciones Encontrarnos.

viernes, 6 de agosto de 2021

Es grato presentar a un escritor con mucho talento, pero por sobre todas las cosas, es un luchador en pro de la literatura. Su proyecto 38 Minutos Ediciones, le está abriendo la puerta a muchos escritores hacia un publico variado y viceversa. Trabaja duro: edita, promueve, nos une, elabora portadas, y a su vez nos presenta sus maravillosas obras. Esta es otra forma de editor y de editorial, una más de estos tiempos, que tiene que ver con muchos factores como: la crisis, el devenir del mundo virtual, la falta de oportunidades y el ingenio humano. Me alegra haber conocido a Vladimir Villareal y poder presentarlo aquí, en este BLog. Por ningún motivo dejen de visitar su página y sumarse a su proyecto. Doy fe de su honestidad y buena voluntad.





Vladimir Villarreal es arquitecto y escritor mexicano (Monterrey, 1977), amante de la ciencia ficción, el realismo fantástico y el surrealismo. Entre sus influencias literarias e imaginativas encontramos elementos oscuros que nos evocan a autores como Howard Phillips Lovecraft y Franz Kafka, además de sus elementos surrealistas al estilo de Julio Cortázar o Salman Rushdie. Otra fuente de inspiración, durante la niñez, fueron los programas televisivos de horror, fantasía e historias paranormales de los años cincuenta y sesenta, como One Step Beyond, The Twilight Zone, Alfred Hitchcock Presents y Alfred Hitchcock Hour, que marcan una influencia muy notoria en estos relatos. Sus libros publicados son "La Zombie y el Conejo" (cuentos), "Perreador" (novela) y "El Sitio Propicio" (Ensayo). Ha contribuido en antologías y actualmente coordina la Colección Relatos Sueltos de 38 Minutos Ediciones.


Algo de su obra:




El sitio propicio es un conjunto de tres ensayos que conforman un mismo discurso, que habla acerca de la importancia de una buena educación cívica en los planteles de educación básica y en el hogar, como base principal y pieza clave para alcanzar la democracia. El personaje central de este conjunto de ensayos es el ciudadano, el cual se presenta en distintas etapas de su desarrollo como participante directo, o recurso en potencia en la estructura política y el bienestar de su entorno.





El propósito de este libro es proporcionar una guía eficaz e infalible de edición de libros electrónicos para aquellos autores que ya se han decidido por la autopublicación pero que aún carecen de los conocimientos técnicos para subir sus proyectos a una plataforma de venta de libros digitales y concretar su deseo de ver sus manuscritos convertidos en una obra publicada. Con esta guía aprenderemos a maquetar ebooks de tres diferentes maneras: con Microsoft Word (en formato .docx y .doc), con Kindle Create (en formatos .kcb y .kfp) y con Sigil (en formato .epub), para lograr el libro deseado a la medida de la plataforma en donde se subirá. La propia publicación de este libro es la prueba fehaciente de que los métodos que se describen a lo largo de los siguientes capítulos tiene como resultado final el posicionamiento de un archivo en una tienda de libros. Es un tutorial cuya finalidad principal es la de ayudar a que los autores que lo pongan en práctica puedan crear en muy poco tiempo, por sí mismos, sus propios eBooks y que además los puedan vender.





Sus páginas:









Un relato:

Puntualidad de Muerte

 

Aquí un minicuento del concurso literario "Final de Bukowski", el cuento se llama "Puntualidad de muerte". Convocatoria de la Librería el Péndulo, las bases consistían en un minicuento de menos de 2,500 caracteres cuyo final debía llevar la frase: "El pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mí y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió".

 

Puntualidad de Muerte

 

 

 

Me despierto agitado tras tener de nuevo el mismo sueño recurrente, 5 veces en esta semana ha venido a mí la misma imagen que me acecha sin tregua, un gorrión amarillo que aparece de entre la penumbra y acerca su rostro al mío mientras abre su enorme pico. Siempre es lo mismo, despierto exaltado sin saber qué es lo que pretende, si sólo decirme algo o tragarme de un solo bocado.

 

Un sueño repetitivo, lo único que me faltaba para consagrar mi vida a una perpetua rutina, otra vez se ha quedado prendida la lámpara de mi buró y otra vez me he quedado dormido con un libro en las manos, "La máquina de follar" de Charles Bukowski, "¿A quién carajos le puede gustar leer eso?", me gritaba mi madre, "El protagonista se queda tirado ebrio donde sea, vomitado, y así apestoso se acuesta con tres mujeres en una sola noche", "¿A quién carajos? A mí, ¡bien que te lo sabes!", el libro fue de ella, nunca lo terminó de leer, lo odiaba por un cuento en particular, uno donde el vago protagonista viola a una niña indefensa, y el escritor narra con detalle la barbaridad del hecho. He leído 5 veces el libro y, para su consuelo, o el de su memoria, siempre me salto ese cuento.

 

Ya no es hora de volver a dormir, me levanto, me ducho, me visto despistado, me pongo la camisa al revés, me la quito y me la vuelvo a poner, ahora sí bien puesta. No logro sacar de mi cabeza el divorcio, tanto circo, hasta el Vaticano envió ya la constancia de anulación del matrimonio. Me abrocho las agujetas, despistado. Otra vez el fantasma de mi madre, "No debiste ocultarle a tu mujer que tu padre era esquizofrénico". Con todo y eso ella decidió tenerme, asimismo yo decidí tener un hijo, ni el primero ni el último que haya abueleado, esquizofrénico, como mi padre, a quien no conocí, pero que también a mí me heredó un par de detalles, no me dejan conducir un auto, y a pesar de eso creo que me desenvuelvo bien en sociedad, y tengo suerte de encontrarme con trabajos a menos de 15 minutos caminando.

 

Soy obsesivo compulsivo, eso me hace muy puntual y rutinario. Mi vida es una película que he visto interminables veces, todos los días me encuentro al señor de los periódicos apilándolos en un estante, al de los jugos de naranja exprimiendo las últimas dos, la chica guapa que reparte volantes, incluso el semáforo está sincronizado con mi andar, pues no tengo que detenerme y esperar al segundero para cruzar la avenida, sólo sigo caminando.

 

Igual que hoy, el de los periódicos, los jugos, mi divorcio, las naranjas, Bukowski, los volantes, un sonoro claxon, espera, ¿un sonoro claxon?, ¡hoy no vi pasar frente a mí el autobús escolar! Es demasiado tarde para volver a la acera, y demasiado lejos para llegar hasta la otra, donde me espera el fantasma de mi madre. Lo comprendo, todo cobra sentido, mi sueño recurrente, el enorme gorrión amarillo. "El pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mí y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió"(1).

 

1.- Cita de la Novela Pulp de Charles Bukowski

 

Autor: Vladimir Villarreal