lunes, 29 de enero de 2024

Da gusto cuando un escritor/corrector no se anda con chiquitas. Con esta moda de lo susceptible y de lo empático a ultranza, hay pocos que dicen lo que piensan y sin vueltas. Este posteo no tiene desperdicio, colegas escritores. 


Paul Martin (sus mejores consejos)


 


Cuidado con la búsqueda de la originalidad

 

«Tenéis muchos sueños, buscáis la fama. Pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor».

Esto era lo que decía la profesora de danza Lydia Grant, interpretada por Debbie Allen, justo al comienzo de cada episodio de la serie Fama de los 80. Lo hacía inmediatamente antes de que Irene Cara pusiese voz a la canción «Fame, I’m gonna live forever, I’m gonna learn how to fly»Fama, voy a vivir para siempre, voy a aprender a volar.

Lo hacía a modo de sintonía de la serie y a la mayoría de los que escuchan y escuchamos nos deslumbran varias palabras: fama, vivir para siempre, volar. Pero la palabra aprender queda eclipsada por el brillo de las otras y, sin embargo, toda la serie, que estuvo años en las televisiones de todo el mundo, tenía su desarrollo en una escuela.

La búsqueda de la originalidad es la propuesta en un mundo literario en el que casi todo parece estar ya inventado y reinventado mil veces. Es la propuesta final que hacen en casi todos los talleres literarios, cursos de escritura creativa y similares partiendo, eso sí, de un pretendido academicismo postmoderno o postvanguardista, que es casi peor, en el que la mayoría de las veces ni se llega a la uña del pie de lo que es la escritura.

El escritor se obsesiona con ser original.

El escritor, de forma consecuente con estas enseñanzas y lo que es la tendencia, se obsesiona con buscar esa originalidad, cuando la originalidad, en su propia esencia, no es algo que se pueda buscar, sencillamente porque si es original, no existe y porque el propio hecho de buscarla la convierte en artificial.

De esta manera, es frecuente que se ponga a darle vueltas a las formas pasando por todos los movimientos habidos y por haber, muchas veces incluso desde el desconocimiento de la existencia de estos y muchas más de su porqué y de sus rasgos esenciales.

Asistimos, así, a una especie de Dadaísmo intelectual agravado. Y digo agravado porque si ya el Dadaísmo fue en su día el movimiento más absurdo que pueda existir, ya que un movimiento cuyo único objetivo y fin es la oposición a todo lo preexistente atendiendo de manera básica a la forma y dejando de lado todo contenido más que movimiento parece estancamiento, hoy se ve agravado porque ni siquiera se conocen las formas a las que se opone esa pretendida y ansiada originalidad.

Además, si lo que se quiere es la fama entendida como éxito, ni siquiera se trata de ser original en estilo o forma, sino, antes bien, de copiar el estilo y forma estándar que quieren las editoriales, plano y sencillo, para llegar a un gran público cada día más plano y más sencillo, pero que es el que consume.

Nos afanamos en buscar la forma que no se ha escrito todavía

Siempre existen un camino largo y otro corto para todas las cosas. Siendo mucho más corto buscar la originalidad en nuestro talento natural, nuestro espíritu rebelde y nuestra grande y profunda alma que hacerlo desde el estudio y la profundización en las técnicas, en el conocimiento y en la lectura, nos afanamos en buscar la forma que no se ha escrito todavía, sin darnos cuenta de tres cosas:

· La misma ignorancia no nos permite saber si ya se ha escrito así.

· El talento que no se cultiva, es solo una semilla tirada en el asfalto; hay una posibilidad entre un millón de que encuentre una grieta y germine, mil entre un millón de que se la coma un gorrión o una paloma y, el resto, de que termine echándose a perder aplastada por un autobús.

· Si la ignorancia se asocia al ego, como suele suceder, nos convierte en ciegos a todo y solo visionarios de un talento propio que solo nosotros somos capaces de ver.

Suele suceder que esa ansiada originalidad no se encuentre tanto en las formas, enrevesadas o no, que se van combinando de mil maneras, sino, antes bien, en la propia visión que cada escritor puede dar de un asunto, de un concepto, un sentimiento o un contenido y, suele suceder también, que esa visión, como un farol y guía, termine por conducir a un escritor a la forma más precisa de una manera muy natural.

Cada historia requería una estructura, un lenguaje y una forma propias.

Si atendemos a un autor como Camilo José Cela en narrativa y observamos su obra, nos daremos cuenta de que cada novela o cada narración no se parece en absoluto a la anterior y que muy poco tienen que ver unas con otras, hasta tal punto que parecen escritas por autores muy diferenetes. Pero, además, nos daremos cuenta de que esto no se debe a un propósito o una evolución, ni siquiera que se propusiese un experimento literario en cada nueva obra, como muchas veces se plantea, sino al simple hecho de que cada historia requería una estructura, un lenguaje y una forma propias. Una voz particular y precisa para ser contada.

Si ahora atendemos a los cientos de miles de sonetos escritos a lo largo de la historia, sonetos consagrados, nos daremos cuenta de que, partiendo de las mismas formas, con algunas variaciones en determinados movimientos, y tratando muchas veces los mismos temas y contenidos, cada uno nos mueve de muy diferente manera y cada uno es tan original como el otro.

¿Es la forma la que crea el contenido?

No señores, es el contenido el que pone en movimiento la forma y nuestra inteligencia emocional la que encuentra las más adecuada, la única, la original, la voz que necesita lo que queremos expresar y que reúne todos los elementos necesarios para tocar las emociones del receptor tal y como deseamos.

Pero para conseguir esto se necesitan recursos. Todos los recursos posibles y aún más.

Si Van Gogh hubiese tenido solo dos colores en su paleta hubiese enloquecido mucho antes y definitivamente por no hallar los recursos capaces de dar salida a todo lo que bullía en su cabeza, a toda esa emoción que se acumulaba y que explotaba a través del pincel sobre un lienzo, a toda esa visión particular de su mundo, a sus luces, a sus sombras.

Van Gogh, como Goya o Velázquez, pintando en un estilo completamente diferente y personal, conocía a la perfección qué características debían tener sus pinceles, la mezcla de los colores, la composición exacta de las pinturas, más o menos oleosas y las características de la tela del lienzo que fuese capaz de absorber y secar las pinturas al ritmo que él necesitaba crear.

Y así llegó Van Gogh a encontrar su voz en su pintura, esa voz que fuera capaz de sacar sus voces interiores. Pero Van Gogh, como diría Cela, había hecho antes el camino de ida que emprender el de vuelta y parece imposible entender cómo se puede pretender la vuelta sin haber ido.

El secreto de la originalidad radica en los recursos que el escritor tiene a su disposición

Hace siglos, antes de la imprenta e incluso todavía siglos después, el acceso al conocimiento, incluso a la literatura, era tremendamente limitado, costoso y hasta privilegiado. Hoy, contamos con la gran ventaja de un tremendo potencial de conocimiento acumulado, compendiado y accesible, que nos permite bucear en él y aprender miles de recursos.

El secreto de la originalidad radica en los recursos que el escritor tiene a su disposición, porque de cuantos más dispone, con mayor facilidad encuentra el contenido la forma y esta agilidad hace que las ideas fluyan con tal naturalidad que pensamiento, ideas, sentimientos y fines se unan a la palabra como uno solo y salgan de los dedos sin provocar un verdadero atasco en la cabeza.

Se tiende a pensar que los escritores que acuden a las métricas en poesía están pensando en la forma y tan obsesionados con ella que el contenido se pierde igual que la inspiración. Nada más lejos de la realidad. Como cuando se hablan varias lenguas, el escritor que así toma esa estructura, no piensa en ella, solo sale sin pensar, distinto de aquel que a duras penas domina el inglés y debe traducir en su cerebro antes de escribir o hablar. Pero incluso cuando ese mismo escritor decide una forma mal llamada libre, como también la domina, y además cuenta con los recursos que le aportan las otras formas, encontrará la voz precisa y original con la misma facilidad.

La verdadera libertad creativa, camino de la originalidad tan perseguida, no depende tanto de un posicionamiento personal libre de ataduras que muchos identifican con el desconocimiento de las formas y recursos para no denotar su influencia, sino, muy al contrario, del conocimiento de todas cuantas se pueda.

Sin ese conocimiento, no se trata de una elección, sino de una simple necesidad u obligación.

En la historia del mundo no se conoce que nadie haya sido libre y original por la ignorancia y, muy al contrario, tenemos miles de ejemplos de los que lo han sido por su conocimiento, porque solo conociendo todos los caminos, tenemos la posibilidad de elegir el nuestro. Sin ese conocimiento, no se trata de una elección, sino de una simple necesidad u obligación. Si solo conozco las manzanas y las peras, comeré una pera o una manzana, nunca un mango, una sandía o una papaya, sencillamente porque no podré elegirlas. Y no porque no estén a mi alcance, no, sino porque mi conocimiento no me indicará que son comestibles y mi instinto de supervivencia me dirá que su aspecto, su forma, su brillo o su color anuncian que llevan peligro.

Dónde queda entonces el poeta del pueblo, la hermosa libertad de sacar el alma natural por la boca

Y ahora muchos dirán que es que eso supone mucho trabajo, mucho esfuerzo o incluso haber tenido el privilegio de una formación elevada, que dónde queda entonces el poeta del pueblo, la hermosa libertad de sacar el alma natural por la boca, por las letras. Pues bien, esa voz del poeta se quedará en la ignorancia de todos, porque, por lo general, solo le parecerá sublime y original a él mismo que la lee desde su mismo y singular desconocimiento.

Miguel Hernández fue un poeta del pueblo, con un talento innato al que ataron a las cabras y prohibieron su avance y cultivarse, si hubiese aceptado y claudicado, hoy nadie le conocería. Pero no lo hizo y buscó aprender, se enfrentó a lo racional, que era quedarse en el pueblo cuidando las cabras, aprendió de los poetas que le abrieron las puertas y creó con una voz universalmente propia que, incluso sujeta a las métricas clásicas, brilló y brilla por su originalidad y libertad, porque sus contenidos, pensamientos, ideas, sentimientos y visión, eran únicas y siguen siendo universales.

Él se cusetionó si su talento era suficiente y estimó que el esfuerzo por aprender merecía la pena. Es muy posible que ni siquiera persiguiese la fama, solo dar salida a su pensamiento en letras, en voz.

Para concluir, solo permíteme que te haga una pregunta:

¿Te has cuestionado alguna vez tu talento?

 

 

La perezosa voz de los poetas

 

 

Hoy, derivado de un debate, me ha dado por pensar en eso que se ha dado en llamar la VOZ del escritor o del poeta. Su VOZ. Eso que tanto se busca y valora.

De inmediato, me ha venido a la cabeza un cantante de ópera. Nace con una disposición, sí, pero se pasa la vida trabajándola. Incluso los más prestigiosos corrigen asiduamente su técnica con profesores y trabajan sus herramientas un mínimo de cuatro o cinco horas al día para prepararlas para el gran concierto.

Estudian las técnicas antiguas, y las modernas, y trabajan las aburridas escalas clásicas una y otra vez, los tiempos, los sostenidos, los silencios. ¡Qué cantidad de trabajo y sacrificios!

¿Qué hacemos los poetas? Pues pretender que nuestra voz salga de ese intuido don divino o natural con el que hemos nacido (estimado por solo nosotros mismos). Despreciando el estudio y el trabajo, no entrenando nuestras herramientas, incluido nuestro cerebro.

No trabajamos las escalas métricas de lo clásico, porque está superado, y nos movemos en el natural desafinado de un verso libre que, igual, desconocemos en su complejidad, pues a los sumo llegamos a leer traducciones, si leemos, de poetas que consagraron los estilos en otras lenguas que nada tienen que ver con la nuestra, perdiéndose así toda la técnica que aplicaron a sus escritos.

Pero así pasa que ninguna VOZ consagrada de poeta lo ha sido de natural apetecido y puro. Todos los grandes poetas, los magníficos, han sido tremendos estudiosos y trabajadores. Solo así se consigue el dominio y la agilidad para que su VOZ natural, la donada, encuentre siempre los mejores caminos para expresarse.

El poeta que no trabaja es, a lo sumo, un mal cantante pop que versiona o imita canciones de otros en una orquesta de ferias en los pueblos. Sin embargo, con trabajo, tal vez su talento natural habría podido crecer hasta ser, una Prima dona, si es mujer, un Cavallieri si es hombre.

 

 

Aunque es muy normal que interpretemos que el verso libre supone escribir con plena libertad, sin atender a formas ni estructuras y, muchas veces, en una escritura casi automática, nada más lejos de la realidad.

El verso libre nace como oposición premeditada a las estructuras y formas clásicas, pero sin renunciar en ningún momento a la poética, a la poesía, a lo que le imprime su carácter, que son básicamente tres principios:

·         El ritmo interno -la musicalidad-

·         La cohesión

·         La belleza.

Sin ellas, no estamos hablando de poesía. A menudo, ni siquiera de prosa poética. Cómo diferenciar una de otra, ya lo veremos en otro momento, pero, de momento, bástenos saber que partir un texto en un formato de versos no convierte a la prosa en poesía, ni mucho menos.

VAMOS POCO A POCO

De momento, nos interesa saber que el verso libre tiene sus reglas, sus normas y sus recursos. Más difíciles de manejar, en muchas ocasiones, que las métricas clásicas que nos brindan unas formas más comprensibles, menos interpretables y, por lo tanto, más sencillas.

Frente a lo que mucha gente piensa, es mucho más difícil escribir un buen poema en verso libre que hacer lo mismo con un soneto.

Dos de los recursos que más carácter imprimen al verso libre y mejor lo definen son las repeticiones y las anáforas.

·         Repeticiones hay de muchos tipos: pueden ser de sonidos, de estructuras sintácticas, de palabras…

·         La anáfora consiste en la repetición de palabras al comienzo de cada verso.

Con estos dos elementos, podemos dar ritmo y cohesión a un poema en verso libre. Sin embargo, conviene tener en cuenta también el corte del verso, fraseo o versificación, que nos dará las pausas versales (los silencios en música) y los acentos rítmicos internos.

De todo ello depende la musicalidad que todo poema, libre o sujeto a métricas y rimas, debe contener. La musicalidad es un elemento irrenunciable de la poesía y, por lo general, se apoya en unas métricas, constantes o alternas, regulares o irregulares, pero presentes,

Al mismo tiempo, en todo poema, a no ser que se presente una sola idea o secuencia, las estrofas sirven para presentar los momentos del poema, las ideas, los conceptos, el devenir. Algo así como Introducción, desarrollo y conclusión, salvando las distancias con la narrativa y no contando en número.

Por tanto, en un poema como el que nos ha presentado la compañera, conteniendo elementos suficientes que le confieren esa cohesión, a través de utilizar abundantemente las repeticiones y anáforas, nos quedaría pendiente el fraseo.

Es aquí donde muchos poetas tienen, tenemos, dificultades. El poema suele sonar en nuestra cabeza de una forma perfecta en cualquier forma que lo presentemos, no en vano lo hemos escrito nosotros y escuchado mucho antes de escribirlo. Algo así como con el lenguaje. Cuando hablas un idioma nativo, no piensas ni traduces, solo lo dices, mientras que en uno aprendido escasamente, has de pensar y traducir.

Sin embargo, quien lee ese poema, nuestro lector, necesita unas indicaciones muy precisas para hacer una lectura correcta, incluso una interpretación correcta, de nuestro poema.

Pues bien; a menudo tendemos a abusar del encabalgamiento, a huir de las puntuaciones por desconocimiento y ha dividir los versos de cualquier manera sin tener en cuenta las pausas versales (parte fundamental del ritmo y la musicalidad) e incurriendo en que la anáfora o determinadas repeticiones se pierdan o no estén presentes.

Mi consejo es que antes de presentar un poema mal estructurado, es preferible presentarlo como prosa poética. Además, el hecho de ponerlo primero en prosa poética, nos va a permitir puntuarlo con mejor corrección y, luego, ver dónde situamos las pausas versales, los cortes.

Os recuerdo, además, que el punto y coma, los dos puntos, y los puntos suspensivos, así como las acotaciones y guiones, los sangrados, etc., también existen en el verso libre.

Os dejo, a continuación, el poema de nuestra compañera, tal como ella lo presentó, y la segunda versión de cómo yo interpreto la versificación aplicando los conceptos que os he expuesto.

También, una tercera versión de cómo quedaría en prosa poética, sin desmerecer, en absoluto, el texto.

Las principales ventajas de presentar en prosa poética, son que: primero, nadie va a criticar nuestra versificación, segundo, la prosa poética permite añadir más contenido al texto sin ser tan rigurosa en mantener un perfecto ritmo o musicalidad y, sin embargo, empleando los recursos característicos de la poesía, repeticiones, anáforas, imágenes, metáforas, etc.

VERSIÓN ORIGINAL

Quiero volar

Sin apuro, despacio, a dónde me lleve el viento, sin miedo a caer

Amaneció, se hizo la luz y comenzó un nuevo día,

El pasado

Lo viví

Lo sufrí

Lo enterré

Por supuesto, no lo olvidé

Fue demasiado bello

Demasiado triste

Demasiado nuestro

Por supuesto, está presente en cada recuerdo

Tuvo el encanto de los sueños

El tormento de los desengaños

El dolor de lo imposible

La magia de haber triunfado

Por supuesto, todavía no nos acostumbramos a que pasó, se fue

Y cerramos los ojos para volver

Que importa si nos duele

El ayer también nos hizo vibrar el alma

En el ayer hicimos lo que hoy nos ruboriza, pero quisieras volver hacer

Lo que fue hecho con el corazón, hoy nos sabe a pecado, pero si volvieras, precarias de nuevo

Te burlas de esa manía de recordar, pero nadie vive sin recuerdos

Los castillos cayeron hecho pedazos, pero fueron tan hermosos

No importa lo que el pasado esconda, triste o alegre, siempre nos robara el sueño

Lo más difícil no es dejarlo ir, sino saber que no volverá

No hay marcha atrás, es un nuevo día y aunque te cueste el andar, has de caminar, enfrentar, decidir, amar y volver a sufrir

VERSIÓN POÉTICA SUGERIDA

Quiero volar;
sin apuro,
despacio,
a dónde me lleve el viento,
sin miedo a caer.

-

Amaneció;
se hizo la luz y comenzó un nuevo día.

-

El pasado lo viví,
lo sufrí,
lo enterré.

-

Por supuesto, no lo olvidé.
Fue demasiado bello,
demasiado triste,
demasiado nuestro.

-

Por supuesto, está presente en cada recuerdo.
Tuvo el encanto de los sueños,
el tormento de los desengaños,
el dolor de lo imposible,
la magia de haber triunfado.

-

Por supuesto, todavía no nos acostumbramos a que pasó.
Se fue.
Y cerramos los ojos para volver.

-

Qué importa si nos duele;
el ayer también nos hizo vibrar el alma,
en el ayer hicimos lo que hoy nos ruboriza,
pero quisieras volver a hacer
lo que fue hecho con el corazón.

-

Hoy nos sabe a pecado,
pero si volvieras,
pecarías de nuevo.

-

Te burlas de esa manía de recordar,
pero nadie vive sin recuerdos.

Los castillos cayeron hecho pedazos,
¡pero fueron tan hermosos!

-

No importa lo que el pasado esconda,
triste o alegre,
siempre nos robara el sueño.

-

Lo más difícil no es dejarlo ir,
sino saber que no volverá.

-

No hay marcha atrás,
es un nuevo día
y aunque te cueste el andar,
has de caminar,
enfrentar,
decidir,
amar
y volver a sufrir.

VERSIÓN PROSA POÉTICA

Quiero volar; sin apuro, despacio, a dónde me lleve el viento, sin miedo a caer.

Amaneció; se hizo la luz y comenzó un nuevo día.

El pasado lo viví, lo sufrí, lo enterré.

Por supuesto, no lo olvidé. Fue demasiado bello, demasiado triste, demasiado nuestro.

Por supuesto, está presente en cada recuerdo. Tuvo el encanto de los sueños,

el tormento de los desengaños, el dolor de lo imposible, la magia de haber triunfado.

Por supuesto, todavía no nos acostumbramos a que pasó. Se fue. Y cerramos los ojos para volver.

Qué importa si nos duele; el ayer también nos hizo vibrar el alma.

En el ayer hicimos lo que hoy nos ruboriza, pero quisieras volver a hacer lo que fue hecho con el corazón.

Hoy nos sabe a pecado, pero si volvieras, pecarías de nuevo, te burlas de esa manía de recordar, pero nadie vive sin recuerdos.

Los castillos cayeron hecho pedazos, ¡pero fueron tan hermosos!

No importa lo que el pasado esconda, triste o alegre, siempre nos robara el sueño.

Lo más difícil no es dejarlo ir, sino saber que no volverá.

No hay marcha atrás, es un nuevo día y aunque te cueste el andar, has de caminar, enfrentar, decidir, amar y volver a sufrir.

 

 

VERSO LIBRE O MÉTRICA Y RIMA

 

 

LA DISCUSIÓN SE PLANTEA COMO UN DEBATE ETERNO. UN AUTÉNTICO COMBATE ENTRE DOS PÚGILES QUE NECESARIAMENTE HAN DE ESTAR ENFRENTADOS Y DEL CUAL HA DE SALIR UN VENCEDOR NECESARIO.

Yo afirmo que ambas pueden convivir a la perfección y que ambas se enriquecen mutuamente y en mis poemarios, en ocasiones, mezclo la prosa poética, como parte narrativa, con poemas en verso libre y, otros, en métricas clásicas.

Este poema que os dejo aquí, DIVERTIMENTO, que publiqué hace ya unos años en mi blog, constituye un juego de insomnio que comienza en versos libres para ir jugando hasta construir la décima perfecta y, después, desahcerse de ella.

«—Y como cada día, a esta hora, lo mejor está por llegar —le dijo Peter Pan a Campanilla».
NO CREZCAS.

Es en esta noche oscura
en que no se mueve el aire;
y a esta hora en que se esconden
los lagartos por el frío
y que el mar se me presenta
con su calma como un nido
que sueño que estoy conmigo,
como era antes, de niño,
y lo sueño bien despierto
mejor que estando dormido.

Son los silencios cuna
de palabras en mente
y el negro de la noche
sin luna, aquí en mi frente,
la tinta de una pluma
que se calla silente
por no tener papel
blanco en la luz ausente
que no alumbran estrellas
ni antorcha en el dosel.

Ya jugando entre rimas,
que nacen encendidas,
se entienden decididas
palabras que aproximas,
naciendo luces primas
en esta oscura noche
para poner un broche
lleno de luz indemne
a este ensueño solemne
de ideas en derroche.

Y en este juego etéreo
que baila la palabra,
en este abracadabra
que juega con lo aéreo,
acabando en estéreo
sonando en el oído,
veo que es solo ruido
pues cantando y contando,
en versos ya voy hallando
que una sílaba se ha ido.

¡Vaya desliz he tenido!
Escribí siete en vez de ocho;
¡de cada verso he hecho un chocho!,
pues la décima, es sabido,
y de todos conocido,
que diez versos la componen
que ocho sílabas abonen
y con rima consonante;
a be más be a y a, por delante
ce ce de de ce y perdonen.

Y es que la noche está oscura
y el verso es libre en la noche,
libre, sin una atadura,
libre sin ningún reproche.
Me vuelvo ya, en calentura,
al verso libre de nuevo
por ver si encuentro en su fuero
agua para mi cordura
que me cure la locura
y me haga dormirme luego.

Y aún me cuesta desprenderme,
porque toda vez que rimas
te salen por las esquinas
las palabras como espinas
y se clavan en la métrica
y a tu pensamiento obligan
y todo sale medido
y todo sale rimado,
con ritmo y aquilatado,
sin torcer el pensamiento
ni forzar en el intento
palabras y sentimiento.

Y es en esta noche oscura
que he jugado como un niño
con lagartos escondidos
entre palabras y lunas
que por esconderse hicieron
desaparecer estrellas
y en vez de hundirme en el sueño
despejaron mis ideas
y deslumbraron mi noche
regándola de luceros.

 

 




Me divertí mucho escribiendo este relato. Es importante relajar pues, en esos momentos, pueden surgir historias interesantes del fondo tupido de nuestro cerebro.

Amo el lunfardo. Viví un tiempo en el barrio porteño de San Telmo y atesoro en mi corazón el empedrado, el tango y el cafetín. La idea fue combinar un antihéroe como “El Cazador”, que es el protagonista de  una historieta argentina con un tono bien guarro y el lunfardo. Este es el resultado.


Blando como churrasco de novillo (relato de un Slayer porteño)

 

“Tras la Gran Catástrofe, los enormes conglomerados se deshincharon y los mercados de carne humana se fueron acrecentando. Las ciudades del interior respiraron, porque la muerte fue un aluvión segador. Por meses, el río de la Plata drenó sangre, junto con toda la podredumbre, a su estuario. Aun así, Capital Federal no se curaba de sus males endémicos. Fue, entonces, desde una reluciente secretaria del exterminio, que surgió la orden final, lacrada por el gobierno de turno. Como un oscuro drama de conventillo*; de los arrabales* y más allá, surgieron las cuchillas santas y, al ritmo melancólico de un bandoneón, la muerte danzó entre hachazos, navajazos y floridas estocadas.” 

                       Francisco Esculapio Polidori. Fragmento de su libro: Crónicas del malevaje* necesario.

 

La verdad…, ayer torré* como un yacaré al atardecer; tenía el buche* a rebalsar de chucrut y remolacha con huevo duro.

Ni a palos soy vegetariano, solo a veces le entro con ganas a la verdura. Según como esté la Luna, ando más o menos carnívoro; son rarezas de Slayers. En efecto, cuatro horas más tarde, me levanté tan blando y fibroso como un churrasco de novillo. Listo para un paseo por New San Telmo y un arrebato de pura carnicería.

Después de matar a ese viejo verde*, hijo de una gran puta, me eché una siesta infernal; necesitaba el descanso reparador. Además, me tenía podrido ese patrón, enserio lo digo. No hacía más que perder dentaduras postizas y sembrar malvones en cada grieta de la mansión. Viejo ortiba* y baboso. Ni un faso* podía fumar sin la sombra inquisidora de ese mal nacido buchón*. ¿De qué me servía dejarle el jardín prolijo como los campos Elíseos?

Cuatro años de trabajo escuchando sus inagotables historias de viajes por Europa con su compañía de teatro. ¿Si me garpaba* bien? Si, lo hacía, pero me hartó. Se paseaba con su bata roja y sucia, pintarrajeado con rubor y ese rímel grasoso en las pestañas. Lo único que conocía del choto* era que había representado obras en el teatro Colón. No hablaba de otra cosa que del esplendor de su pasado artístico, en aquellos tiempos, cuando el teatro Colón estaba en su apogeo, firme y en pie. Tras la Gran Catástrofe, quedó abandonado a la suerte del olvido, hoy, es guarida de murciélagos y refugio de linyeras* pasados de hambre.

Reconozco que siempre fui certero con el martillo; con dos golpes me ha bastado para hundir un clavo de techo en la cabeza de esa diva enchancletada y decrépita. ¡Pum, Pum y chau! ¡Hasta el tuétano!

Te cuento: entre otros oficios, he sido un ingenioso carpintero. A decir verdad, trabajé duro siempre. Hasta hace poco laburé sin asco; entonces, me dieron el cupo de muertes por antipatía. Por fortuna, ahora tengo tiempo libre para distraerme y dedicarme a otras cosas.

A ver, sabelotodo, ¿tenés idea de lo que cuesta desatrancar la cabeza del martillo de un cráneo humano una vez que lo perforó? ¿Acaso lo hiciste alguna vez? La sanata* de siempre, todos tocan de oído. ¡Ja! Matar sin culpa se les da a pocos, esa es la posta.

Soy uno de los mil doscientos privilegiados. Un Slayer porteño más. Muchos han muerto ya, no todas las presas son mansas; otros, se han eliminado entre ellos mismos, por pura codicia de Tickets o la gloria carnicera. En estos miserables tiempos, la heladera se vacía rápido y hay que vivir improvisando.

Todo parece venido abajo, cascoteado. Calle Corrientes es el espectro demacrado de lo que alguna vez fue, con su brillo y su bullicio. La violencia se escribe al boleo, en plena avenida, en cualquier balcón o a la vuelta de la esquina.  Cualquier otario* te raja desde la vejiga hasta el gañote, para sacarte lo poco que tengas encima, y te carga en el baúl hasta la Recoleta. Ahora hay una entrada libre por Vicente López. Vas hasta el fondo, donde la tierra está blanda, cavas la tumba, hechas el despojo y listo, uno menos. La yuta y los funcionarios hacen la vista gorda. Ahí la tenés fácil, si no te da asco cargar cadáveres y darle a la pala. Vale decir, muchos de los que entran a descartar, no vuelven a salir del cementerio ese. Adentro, es tierra de nadie.

Yo llevo el carnet que me habilita como Slayer colgando de mi cuello. Tiene un chip que captan los sensores antes de entrar al sindicato o a la morgue, donde me dan los preciados Tickets. Fui favorecido por el último sorteo y, si soy prolijo con el papelerío, me van a renovar el carnet dos años más. Tengo que pegar una muerte destacada y justificarla debidamente, con ello, alcanzaré el estatus para continuar asesinando.

Argentina es un país generoso para algunos escogidos, para los demás, es la muerte rondando. Siempre hay matanza, por cualquier cosa, y si bien hay un cierto orden y una cierta justicia, por lo general, la vista gorda se hace en favor de la sangre y el descarte. Esa es la pura realidad miserable del hacinamiento y la escasez.

La cuestión es que el atorrante* de mi patrón murió boqueando como un bagre al sol, a la orilla del agua podrida de su inútil pileta de veinte metros. ”La olímpica”  decía el quía, fanfarroneando. Igual, ya estaba en las últimas el colifa*. Inservible como una Noblex Carina* humedecida y mugrienta. Le crujieron los huesos con el mazazo y unas cotorras se espantaron de las palmeras. Estoy casi seguro de que sus ojos se apagaron viendo el barro de mis borcegos.

¡La pucha*, qué fiaca*! Hubo que a llenar, por triplicado, los documentos pertinentes. ¡Realmente agobia la burocracia reinante! Pero bueno, esa muerte lo valía. Al gobierno le vino bien la rentable propiedad del vejete. Justifiqué el porqué de mi antipatía contra la mano que me había dado de comer durante esos años y, la verdad, creo que gasté saliva de gusto. A nadie le importa más nada, en este clima de sobrepoblación y hambruna. ¡NI el mástil de la guitarra tiene alma ya!

Algunos cumpas* dicen que en el interior todo es más sencillo; no hay que justificar tanto la antipatía y podés hacer rodar cabezas con más soltura. Hay quien mató a sus propios padres y zafó*. La dibujó bien, sin duda. Encima cobró todos los Tickets, sin demoras. Es cierto que hay padres y, padres. Algunos merecen ser enterrados vivos. ¿No te parece? Decí algo, pavote. Idiota parecés, solo te falta el hilo de baba. Qué pibe…

Por otra parte, a mí me da gusto amasijar* así, a martillazo pleno, ahorrando balas, sin desafilar nada y con el Matelisto* en la otra mano. A veces, uno se la pasa bien, otras, se complica un poco más…; como lo del tachero* de Lanús. Salió para el orto* el pique*de ese colega Slayer. Mal, muy mal.

La verdad…, no lo quiero repetir a esto, es raro y suena macaneado*, pero juro por mi santita madre que es verdad: se cuenta, que un colega matarife degolló al conductor de un taxi antes de que lograse detener su vehículo por completo. En cierta manera, merecía ese final por agreta*. El sujeto manejaba siempre entre alterado y de mal humor, además, apestaba a pachuli barato mezclado con tufo a vino rancio.

Resulta que era de noche y había una niebla muy densa; la calle estaba desierta de toda vida.

Parece que mi colega Slayer le hizo un tajo bárbaro en la garganta al quía* este y, como una gallina degollada de Quiroga, con la sangre bien caliente, ese cuerpo continuó viviendo un tiempo de gracia. En vez terminar de frenar el tacho*, el loco, drenando sangre por doquier como la Fuente de Agustín Rivero Astengo, aceleró sin aflojar.

Hasta ahí todo liso*, puede pasar por lógico lo sucedido. El chamuyo* viene ahora y es como me lo contaron. La cosa continuó así: descogotado, al volante, el muerto manejó su taxi hasta la Jefatura Distrital a veinte cuadras. Cuando llegaron, se estacionó, justito, en la mismísima puerta de la yuta*. El colega cuchillero (un Slayer de nivel 3, para colmo del garrón*) no solo bajo bañado en sangre y conmocionado, sino que no había manera de que le salieran las palabras. Con la frenada final y el corcoveo del vehículo por un badén,  la cabeza del conductor terminó pendiendo de un resto de carne del cuello y quedó en la espalda del degollado, mirando hacia abajo, con los ojos bien abiertos. ¡De-men-cial, imagínate la secuencia! Tras cartón, no tuvo mejor ocurrencia ese pendular marote, que guiñar un ojo a su matador en el asiento de atrás. Eso completó el estrafalario espanto. 

Quedó mal el colega, del tomate*, mal. Encima, no tenía el carnet con él y, por el horror, no atinó a esgrimir defensa alguna. Le imputaron un asesinato con premeditación. Adentro mi alma, engayolado*

Esta no me la vas a creer campeón. Tiempo después, el cuerpo del taxista fue destinado al crematorio. No tenía ni familiares ni perro que lo extrañe. Nota curiosa: el cadáver siempre había tenido el puño izquierdo cerrado y nadie le dio bolilla* a ese detalle; solo un gordito, que a último momento, lo fue a despachar al horno para enterrarlo en el olvido de las cenizas.

Tardó un rato ese empleado, hasta que le abrió los dedos al occiso. De no creer, ahí estaba la tarjeta del colega preso. ¡El carnet de Slayer! In-cre-í-ble. ¿Cómo había llegado ahí? ¡Qué cagazo* cuña! Te lo cuento de onda, sabes…; no lo hagas correr…, estate bien chito*. Va de un Slayer a un posible aprendiz, uno nunca sabe quién será el próximo amo del cuchillo, el bailarín que se luzca con la mejor música*.

Son cosas de la muerte, ¡qué sé yo! Los espíritus y la sangre se aman y se preñan de atrocidades cada tanto. Si Homero Manzi estuviese acá diría: barrio de tango, Luna y misterio… El porteño es una criatura pasional; respira el Smog con su fuelle y exuda las penurias del día a día.

Pasamos la Gran Catástrofe para ver a la Argentina como a una tumba abierta que nunca se llena. Ahora es común soñar con cadáveres mutilados y carrozas de féretros. Los tiempos cambian. La vida es una carnicería Open Twenty Four Hours.

Esta ciudad se pudrió, el riachuelo está morcilloso*. La gente se escapa de sí misma en los paseos de compras. Vagan. Enloquecidos, mirando vidrieras, inquietos como si les picase el alma. Cualquiera los puede matar, pero nadie sabe de dónde vendrá el sablazo. Se esfuerzan en sonreír hasta el desgarro de los músculos faciales.

Volvió el buen día y el buen provecho, y el canchero*, ahora, cede el asiento, pide perdón y anda mansito haciendo buena letra. Curioso ¿no? Nadie quiere terminar ensartado como churrasco de croto*. Si Jung viviera para seguir elucubrando y Lepera lo plasmara en un tango arrabalero*, que lindo sería. Si, ya sé, el mundo fue y será una porquería… A pesar de los Slayers que lo depuran.

Lo cierto es que a Ramiro Cuevas le va bien; está cerca de cobrar el subsidio para asesinos seriales, después de la masacre de Venado Tuerto y otros trabajitos truculentos que se mandó.

El gobierno este se porta bien, va largando la plata a los que le sirven, como un gotero de sangre. Despacito hace su transfusión, que va a las arterias de los que desean seguir viviendo, a pesar de la miseria reinante. Vos estate chito, siempre hay una oportunidad para los avispados. Anda comprando una buena piedra de afilar y ármate, vos mismo, la faca. El cuchillo es la vida, desayunate esa bien temprano. Si es posible, ganále al gallo.

No es grato recordar ciertas cosas, aunque a la memoria hay que ejercitarla en la caminadora de los relatos, de lo contrario se pone obesa y lenta, empieza a patinar en los intentos. Fue así: la Gran Catástrofe se cargó a medio mundo, y la cosa se puso peliaguda. En los primeros tiempos del caos no había vecino ni hermano que valga, a la gente le picaba el bagre* y te lastraba* un hijo si lo descuidabas. Desollaban al abuelo después de viajarlo* con vino y Rivotril,  aprovechaban todo, huesos, carne y piel. Al menos tenían la deferencia de pasarlo a mejor vida alucinado. Por eso, esto me gusta así, la cosa va queriendo. Hay cierto orden en este intento de renovado circo. Yo los vuelvo a votar… ¡¿Vos tenés las boletas!? Posta* te digo… ¿Las tenés? Cortala con la gilada que se la pasa tirando patadas al aire como karateka amotinado. Esos miles que no se sacan los visores de realidad virtual ni cuando mean, viven con miedo en la pavada de un heroísmo ficticio. Acá está la papa, en el filo plateado del cuchillo. Nos da de comer, nos limpia la ciudad, nos da miedo a la muerte. La hoja brillante es mi espejo, me veo como soy por dentro, sin impostaciones. Soy yo, lo entendés. Un Slayer que prefiere matar a martillazos en vez de usar las balas, y que deja el cuchillo para esos momentos sublimes donde es necesario abrir canales en la carne y generar ríos de sangre.

Te cuento otra pisqui. El mes pasado me hice el otario* en la oficina durazno de la municipalidad, cuando volví de la otra oficina marmolada con el formulario 3.459 y me anoté dos fiambres* de otro colega. Un opa* que asesina mucho y en curda* y deja los cuerpos sin marcar. Cualquier gil* habilitado pasa de coté*, ¿viste?, hecho el distraído, y se los anota para él. Bueeeeno…, en este caso, fui yo.

¡Qué desprolijidad los pajeros*! Ya no hay conducta. Matan al boleo, cobran monedas y se van de gira. Se bandean al coto de caza de otro y así, de acá para allá, andan como maleta de loco por la vida. Después se quejan: de los funcionarios, que te coimean si uno busca pasar a Slayer nivel 3; de los Tickets para víveres, que no alcanzan para llegar a fin de mes; de sus mujeres, que los sepultan en reclamos y las tienen que prender fuego en el lavadero; de sus nenes, que traen malas notas del colegio y los deportan a la guerrilla de la frontera. Quejosos, panchos*, mamotretos, colgados*. “Bestia humana que duermes aún de la cuna al ataúd…” Herméticos metaleros, que cantaban la justa. ¿Dónde andaréis con vuestras camperas de cuero? ¡Ja! ¡Qué ironía!

¡Por Dios! Menos mal que la falopa* abunda, sino ¿quién puede resistir a este mundo desordenado? Todavía, que te dejan cazar y ganarte el billete, traficar órganos con carpa* y practicar la necrofilia en tu casa, sin moralistas que se rasguen las vestiduras. ¡Dejá de bostezar! Me contagias la modorra. Vos andás mal del hígado. Mucha comida chatarra.

Recuerdo que el Patico vendía collares de orejas al mejor estilo de la Fuerza Tigre*. Tenía un puestito en Munro; todo piola*, todo liso*, pipí cucú* el boncha*. Hasta en esa hacen la vista gorda los gerentes de la matanza. La gente vive en su vacío existencial, eso es lo que pasa. Nada los llena. Ni ver los videos de José María Domínguez con esa cara planchada de yo no fui. Ni siquiera recuerdan que tuvimos un Papa argentino y, por aquel entonces, había paz en la mitad del mundo. Ahora es indio, un sumo pontífice indio. ¿Dónde viste algo así? Hostias con cardamomo verde. ¡La que nos faltaba a los cristianos!

¡¿Que dijiste?! Tranquilo… Dejáme hablar, no interrumpas. Tomá la sopa* vos. Mientras el Master da cátedra. Como te decía hace un rato, maté al viejo de un martillazo en la azotea* y cobré unos pesos. No me fue mal, la casa del viejo pintarrajeado quedó para el Estado y a mí me adornaron* con unos muebles de algarrobo y un espejo ovoide con un marco ornamentado increíble, como bono extra. No obstante, y de antemano, afané* unas cuantas alhajas, que reduje en el Once más rápido de que lo que viaja un chisme. ¿Ves papá? Te va este iPhone 27 Q, tiene de todo. Poco más y te hace petes*, garpa mal. Hay que apiolarse* sino vivís de la astilla* compadre.

Cambiando de tema, sino son todas pálidas* y retruques de cosas pasadas. Estoy leyendo a Neruda, entre otros poetas ¿sabés? Es que me sube la presión y a veces tengo la vista nublada. Por eso el té de peperina, la poesía de Homero Expósito, una manzana verde antes del almuerzo y un tangazo de Goyeneche de fondo. Hay que bajar cambios, leer autoayuda, hablar con un árbol que escuche un poco.

Atendeme esta: los talas y los álamos son de oírte más. Más aún, que el palo borracho o el sauce, que es bastante engreído...; el sauce, digo. Pero el talita suele parar la oreja, tiene la paciencia árida de la Pampa seca. Alguna vez fue Pampa húmeda, pero el cambio climático sembró desiertos donde había bonanza.  Estoy convencido de eso, el tala es la que va pisquí*. Es algo criollo, como el mate o el rebenque. Campero, espinudo y pampeano como no hay otro árbol. Tiene argentinidad, como el pañuelo de seda al cuello y el chambergo, la rosa en el ojal y la sonrisa de Gardel.

Te cuento, ya que estamos. En busca de terapia, hace un tiempo compré un Fox Terrier ratonero, el orejudo, sí. Lo llamé Napoleón tercero. El bicho era una maza; lo llevaba con una correa pituca*, para todos lados, y no tironeaba nada. Si había polenta en la olla comía polenta, y si pintaba asado, se hacía el indiferente un rato, pero después, le entraba al diente como un gorgojo al fideo viejo. Groso* el Napoleón tercero; un perro único. Indiscutible, y el más campeador de la cuadra. Era como un detector Geiger Muller para los canas*. A los cascarudos* los olfateaba a tres cuadras. Me ayudaba con algunas trapisondas que se van dando; viste como es la calle.

Una tarde me distraje demasiado robando herramientas de un taller. Después de aflojarle el gato a un mecánico, que terminó con el pecho aplastado debajo del cárter de un Valiant, me mandé de una en la juntada. Acarreé con todo lo que pude. ¡Hasta rulemanes manotié!

El tipo era un gigante, partía bielas con la mirada, pero le tenía suficiente antipatía para caerle como Slayer y cobrar unos buenos Tickets. Aparte, mecánicos abundan. Así se va descomprimiendo el exceso de población indeseada e imprecisa. Esa tarde caí furtivo y sin acoquinarme*, como un carancho en temporada de escasez. Te juro…, lo hice percha al tipo; y por pasarme de Gore y angurriento, me afanaron* al Napoleón.

¡Se llevaron a mi perro, que hacía de campana*, justito ahí, en la persiana de chapa medio baja! ¡¿Te das cuenta?! De dónde carajos saco otro perro así, tan compañero. Como se van a llevar a mi Napoleón tercero. Esto es puro cachengue*. Está de cabeza el mundo…  ¿O no? Decime vos…

Ya fue, desembuché demasiado por ser miércoles… Se me secó el canaruzo*.  Mejor me voy a jugar al bádminton en el predio de Hurlingham, antes que pinte la mufa*. Mañana sigo matando, o podando. Da igual, hay que laburar parejo. Después de todo, el riachuelo va a seguir oliendo a cadáveres por donde se lo mire. Gracias por escucharme, nene. Bostezá menos para la próxima. Tenés mucha, mucha suerte. Vos me caes bien, pisquí.

 

 

 


Glosario:

 

Conventillo: Casa grande y antigua, con varias habitaciones o viviendas, donde viven numerosas personas de escasos recursos económicos.

Arrabales: Suburbio, barrida, alrededores.

Malevaje: Del lunfardo: Alusión a gente de mal vivir. Maleantes, delincuentes.

Torré: Del lunfardo: dormí.

Buche: Del lunfardo: la panza o el estómago.

Viejo verde: Dicho argentino referido a un hombre mayor atrevido y degenerado.

Ortiba: Del lunfardo: delator. Es la palabra batidor al revés. (Alverre, como dice el porteño)

Faso: Cigarrillo

Choto: Viejo, achacoso, terminado.

Buchón: Del lunfardo: hablador, delator. (Que se va de boca)

Garpaba: Pagaba. Léxico al revés.

Linyeras: Del lunfardo: vagabundo o golondrina (por lo que migra)

Sanata: Del lunfardo: sanatear es decir mentir, ser verborrágico al contar algo, adornar una conversación por demás. La historia que hay detrás del origen del término es maravillosa, típica del universo tanguero.

Otario: Del lunfardo: tonto, fácil de engañar.

Atorrante: Del lunfardo: vago.

Colifa: Del lunfardo: loco.

Noblex Carina: Es una legendaria radio de 8 transistores enfundada en cuerina, muy típica en la Argentina y a lo largo de décadas.

La pucha: La palabra pucha, al igual que chuta y chucha, es usada como exclamación que indica un descontento.

Fiaca: Del lunfardo: sueño, modorra, desgano.

Cumpas: Expresión cotidiana: compañeros.

Zafó: Coloquial de argentina: sortear el problema.

Amasijar: Del lunfardo: castigar, matar a golpes, estropear a alguien.

Matelisto: Invento práctico para tomar mate con una sola mano y sin tener que cebar.

Tachero: Del lunfardo: taxista.

Para el orto: Expresión vulgar: Salió mal, salió para el culo.

Pique: Trabajo

Macaneado: mintiendo de manera exuberante. Macana: Coloquial. Arg., Bol., Par., Perú y Ur. Mentiradesatino.

Agreta: Del lunfardo: persona agresiva por el efecto de la droga. También se le dice a la persona amargada.

Quía: Del lunfardo: Individuo, sujeto, persona innominada.

Tacho: Se le dice así al taxi en la Argentina, como tachero al taxista.

Está todo liso: Es una frase argentina (popular en los últimos tiempos) que expresa: está todo bien con vos o con el asunto en cuestión.

Chamuyo: Del lunfardo: se refiere a la conversación que le hace un hombre a una mujer para llevarla a la cama, o la conversación trivial que hacen las personas para llenar huecos de silencio.

Yuta: policía. Del italiano, forma contracta de "yusta", y se trata de una rioplatenización de la palaba italiana "giusta". La giusta en Italia es quien lleva la justicia.

Estar del tomate: es una frase usada en España por la gente joven. Significa "estar loco" (en un sentido figurado y amplio). En Argentina diríamos "estoy de la cabeza".

Engayolado: Del lunfardo: preso, en la gayola.

Dar bolilla: Expresión argentina típica que significa prestar atención.

Cagazo. Del lunfardo: tener miedo.

Estar chito: Expresión rioplatense: estar en silencio, callado. Proviene del italiano Stai zitto, estar quieto, tranquilo.

Tener música: De la jerga carcelaria, así le dicen algunos correntinos a la faca (cuchillo improvisado, cuchillo afilado) ¿Tenés música chamigo? (tenés faca para defenderte) El baile sería la pelea a facazos.

Morcilloso: amoratado. La morcilla es un embutido hecho con sangre de cerdo, tocino y cebolla de verdeo y su color es el morado oscuro.

Croto: se le dice así al paria, al vagabundo.

Canchero: Persona avivada, que se pasa de lista. También que está siempre a la moda.

Arrabalero: Del lunfardo: significa de la periferia. De los barrios y sus costumbres.

Picar el bagre: del lunfardo: tener hambre.

Lastrar: Del lunfardo: comer, alimentarse.

Viajarlo: Jerga callejera: darle un viaje de pastillas, drogarlo, alucinarlo.

La posta: Decir la verdad, cantar la justa, la que va sin vueltas.

Fiambre: Viene del lunfardo, por "carne fría", embutido. "Encontraron un fiambre en la basura".

Opa. En argentina así le decimos al tonto.

Curda: Del lunfardo: borracho.

Gil: Del lunfardo: Un gil es aquella persona considerada tonta o lenta.

De coté: Del lunfardo: de costado.

Pajeros: Del lunfardo: masturbador, persona lerda y sin viveza.

Panchos: persona que se encuentra tranquila o satisfecha Se pasaba las horas pancho: tendido en el sillón mirando la televisión.

Colgados: Distraído, letárgico y olvidadizo

Falopa: La droga.

Con carpa: Expresión argentina que significa: con disimulo, con astucia.

Fuerza tigre: Fue un comando Estadounidense extremadamente cruel, e infiltrado tras las líneas vietnamitas.

Azotea: Del lunfardo: cabeza.

Adornaron: Del lunfardo: sobornar.

Afane: Del lunfardo: robé.  Afanar es robar.

Petes: Fellatio.

Apiolarse: Del lunfardo: avivarse, caer en la cuenta.

Astlla: Jerga tumbera: parte mínima en la repartija de un botín delictivo.

Pálidas: Del lunfardo: todo lo que es deprimente, negativo o frustrante.

Piscuí: Del lunfardo: tontito, inocente, chiquilín. Versión argentina de "pipsqueak", palabra que refiere a una persona insignificante, especialmente por tamaño o edad.

Pituca: Que pertenece a una clase social alta y da muestras de ello en su vestimenta y aspecto exterior.

Groso: Jerga argentina: algo grande, importante.

Canas: La palabra cana es un lunfardismo que tiene el doble significado de policía y de cárcel.

Cascarudo: Del léxico carcelario: se le dice a los gendarmes que tienen su vestimenta toda verde.

Acoquinarse: Del lunfardo: tener miedo, acobardarse.

Afanaron: Del lunfardo: robaron.

Hacer de campana: Vigilar y dar aviso mientras se efectúa un acto delictivo.

Cachengue: Del lunfardo: bailongo, fiesta, joda grande.

Canaruzo: Del lunfardo: garganta.

Mufa: Del lunfardo: mal humor, malas vibraciones. Yeta.