martes, 23 de enero de 2024

 

3 de abogados de 300 palabras

 

Hoplita  

 

El joven abogado de oficio cavilaba, mientras esperaba a una clienta. Debía tres meses del alquiler de su oficina. Necesitaba un aliciente.

Samanta entró. Un metro setenta de feminidad, bucles borgoña hasta la cintura, ojos melancólicos. Una escultura de Rodin, perfecta.

─Hola abogado. Vengo a denunciar a mi madre por hostigamiento. Hace años compite conmigo, ya tengo 18. Perdí novios por su embrujo de medusa. ─dijo, compungida.

En ese instante, entró su madre. Metro ochenta de estatura, rubia platinada, voluptuosa y pulida, al extremo, en el gimnasio. Si la hija era un transbordador; la madre, el cohete Saturno.

─Guapo muchacho, esto no es necesario. ─aseguró la amazona.

─¡Mamá…! Me imitas hasta en la ropa interior. ─Explotó la pelirroja.

─¡Delirante, demuéstralo!

La joven, furiosa, expuso sus pechos  en lencería fina y bajó su jean.

─¡No es necesario! ─gritó el abogado. Su corazón palpitaba encabritado.

La madre la imitó, encima, ambas se giraron. Dos colas, turgentes y de torneo, invitaban al desenfreno. El abogado transpiraba a mares y una erección brutal amenazaba con destruir su pantalón de vestir.

─Bomboncito,  transpiras. ─dijo el cohete, mientras le secaba la frente con su pañuelo.

─¡¡¡Es “mi” abogado!!! ─insistió el transbordador. Con mano suave acariciaba su pecho.

Las desnudeces, el perfume y las caricias obraron. El abogado estalló manchando, intensamente, su pantalón.

─¡Dios, qué semental! Lo que pida por sus servicios. ─exclamó la madre y mostró una colección de tarjetas de crédito. La muchacha lloraba.

Por fortuna, un abogado de oficio es un guerrero que le hace frente a muchos casos. Sin pausas, le quitó el aliento a la joven con un beso de celuloide.

─Retírese señora, su hija es  ”mi” defendida. Pasará, usted, por una evaluación psicológica. ─afirmó el hoplita, con enhiesta lanza amenazando desde el pantalón humedecido.

Al fin, el transbordador había vencido.

 

 

 

Ticket 

 

 

Año 2.044, ciudad: Nueva Buen Aire, 02.00 am. Logan Gonzáles, esposado, llegó al recinto, con un dron policial, custodiándolo.

La Cámara Electrónica de Justica no descansaba, su inteligencia artificial determinaba la magnitud de un crimen y dictaba sentencia, expeditivamente.

Un abogado asignado, humano, aguardaba dentro pronto habría androides juristas. Había solicitado un habeas corpus pero, fue desestimado. Debía presentarse, ante la Cámara y con su defendido, para probar su punto.

Como abogado de oficio, era un lujo rechazar casos; mísero, era el salario del Estado.

La consternación de Logan sobrecogió al letrado. Extendió sus manos engrilladas para un cálido apretón.

─Por lo leído en el expediente, deduzco que este es un caso repetido. Los delincuentes camaleones suplantan identidades con artilugios de silicona y sensores para los escáneres biométricos, suelen mimetizarse con los movimientos de los expoliados. ─Relate donde estuvo durante las horas del homicidio que le imputan.  ─dijo el abogado y conectó su dispositivo de interconexión neuronal a la consola.

─Salí de casa y tomé el metro azul hasta Agronomía ─relató Gonzales.

─Clave: Usuario 48007 G. Directiva 1: Fecha: homicidio Regina Díaz. Localizar chip integral del imputado en el arco de acceso al meto azul. Confirmar biometría. ─ordenó, el defensor, a la máquina pensante. En el panel frontal, apareció una luz verde: positivo. 

─Compré churros, para mi novia en Churromax. Hicimos el amor en su casa, cerca de la facultad ─agregó.

─Directiva 2: misma fecha, geolocalización del imputado en Churromax, barrio Agronomía. ─ordenó, tajante. Luz verde, otra vez: positivo.

─Directiva 3: misma fecha. Localización biométrica del imputado, cámaras: Facultad de Agronomía. Rastreó satelital térmico y huella termodinámica, domicilio de la pareja. Tercera luz verde.

De inmediato, la Cámara Electrónica de Justicia emitió un ticket, decía: Probado conflicto biométrico, Logan Gonzáles, sobreseído. Hágase justicia.

El segundo saludo fue sin esposas.

 

 

 

Mamá    

 

 

Yael Díaz, mujer hermosa y oportunista, fue infiel a su marido, el abogado de oficio Juan Manuel Rodríguez. Lo abandonó junto a su hijo bebé, durante tres años. Él hombre confundido pero, aún enamorado, redobló sus esfuerzos como abogado novicio para criar a su hijo, esperando que su preciosa mujer recapacitara y volviese.

Nahuel creció en los brazos de su papá, que cambiaba sus pañales, lo acunaba y cuidaba, sin descanso, como cualquier madre.

Cuando Yael Díaz regresó, pidió tener los fines de semana a su hijo y dinero. Argumentó que necesitaba un tiempo para vivir sola y reflexionar. Le salió bien pues, a las bellas, les suele salir bien. Luego, por medio de una abogada, costosa y eficiente, solicitó el divorcio, una mayor suma de dinero y la tenencia de Nahuel

Hubo dos mediaciones ante la Jueza Julia Mardones, la primera infructuosa y, la segunda…

─Señora abogada, señor… ─dijo la Jueza y, antes de continuar, el abogado le alcanzó un documento de identidad de su bolsillo, que la letrada inspeccionó, asombrada.

─Abogada Manuela Rodríguez, conforme a la ley argentina, que es expeditiva en el cambio de identidad sexual soy, ahora, mujer de pleno derecho y madre de Nahuel. Pido, en condición de madre que ha criado muy sola a su hijo, la custodia del niño y sea revocada toda manutención. ─dijo “la abogada”, con vehemencia.

Nadie esperaba aquella jugada radical, menos, la abogada de la otra parte, que quedó perpleja.

─¿Y vos, cómo te sentís Nahuel? ─preguntó la Jueza, para distender.

 ─¡Bien… con mamá! ─exclamó el pequeño, sonriente y abrazando a Manuela.

La doctora Julia Mardones, madre de tres hijos, contuvo las lágrimas.

─Abogada Manuela Rodríguez, su pedido es razonable y lo evaluaré a conciencia. Sugiero que se aféitese mejor, de acuerdo a su condición de madre, ¿comprende?

 

 

 

Nota del autor

 

Estos relatos fueron a concurso, todos debían mencionar a abogados de oficio. Encaré el desafío porque no sabía demasiado sobre la realidad de dichos juristas. Me enteré de muchas cosas. Eso es lo bueno de escribir, hay que investigar.

Los tres tienen 300 palabras, ni una más, ni una menos. Para lograrlo, además de tener una idea que valga la pena, se debe escribir algo que no exceda una carilla. Una vez concluido el relato, se estudian los puntos fuertes del mismo y se va recortando lo que no sea importante. Podar un párrafo y, otro tanto, el otro y continuar, así.

Irá tomando forma, lleva algo de tiempo. Para ahorrar palabras se pueden utilizar sufijos, sin exagerar. Eficientemente, por de manera eficiente. No recomiendo más de dos en el relato. Ayuda mucho el buen uso de las comas y del punto y, por supuesto, oraciones cortas y precisas que nos den la información necesaria.

A todo esto, hay que cuidar el mensaje y dar un final contundente. No crean que será pan comido, habrá que trabajar. La idea debe estar clara y los escenarios reducidos. Con pocas palabras se puede describir un espacio opresivo o acogedor: apenas entraba luz por las ventanas tapiadas, sombras añejas languidecían en los rincones o los leños crepitaban y un aroma a café flotaba en el cuarto.

No hachen de una, pueden hacerlo con tiempo, dejen descansar el relato. Hay que rebajar con pericia y no con premura. Cada línea debe encajar como en un preciso rompecabezas y nada quedará al azar. Suerte.

jueves, 26 de agosto de 2021

Colegas escritores y amigos lectores, quiero presentar a una verdadera luchadora por la cultura y las letras: La señora Elsa Torres y su maravilloso proyecto editorial. 



En sus propias palabras:

Nuestra Editorial de libros populares ubicada en San José, Almirante Brown, nació como una proyección de lo que fue la revista Encontrarnos que se publicó entre 2004 y 2015. En la nueva etapa decidí transformar las notas e historias interesantes que me contaban los vecinos y vecinas en libros que perdurasen en el tiempo. Además, poder ofrecer la posibilidad a los escritores y escritoras que puedan publicar sus obras a un precio accesible. En nuestra sociedad la escritura y la lectura ha sido siempre muy elitista. Fue un símbolo de las clases más altas de la sociedad. En los barrios humildes nadie nadie tenía una biblioteca en la casa y mucho menos escribía un libro. Incluso se consideraba que las historias de esas personas trabajadoras no eran importantes.


La propuesta de Ediciones Encontrarnos es, no sólo que la gente pueda publicar sus libros, si no que esas obras también llegue a los barrios humildes. Así surgió el primer libro escrito por mi padre, Abundio Torres "Mi primer quebracho". Donde cuenta su vida de obrajero y cosechero golondrina en Chaco, Salta y Jujuy de los años '50. Un excelente testimonio contado en lenguaje sencillo que realza la importancia de trabajadores y trabajadoras de la época. El segundo libro fue de mi autoría, "Historia de la Escuela 36. Barrio La Gloria." Que cuenta la gran gesta de los y las habitantes de los primeros barrios que conforman el conurbano bonaerense, para conseguir fundar y construir con sus manos una escuela para sus hijos e hijas. El tercer libro que da identidad a nuestra editorial es "Sueños Descalzos". La obra que descubrió como una gran escritora a Sandra Mierez. Allí cuenta magistralmente su extrema pobreza en la provincia de Corrientes y cómo se fue superando. A partir del éxito de su primer libro decidió dedicarse a la escritura y usarla para visibilizar la lucha de las mujeres por un mundo más equitativo. Así publicó "Las Violencias que no se ven", "Las otras mariposas" y "#BrechaSalarial. Violencia patriarcal" En 2019 creó la Fundación Sueños Descalzos y allí el CEIQS (Círculo de Escritorxs Independientes de Quilmes- Solano). Desde ese espacio concretó su última obra literaria "Primera Antología CEIQS" realizado por una cooperativa de autores y autoras que promueven la publicación de obras inéditas. De ese libro participó el autor de este blog, Miguel Flores Manzo. Ediciones Encontrarnos ha publicado más de 30 títulos de distintos autores y autoras independientes. En mi caso, como escritora, además de "Historia de la Escuela 36" ya mencionado, escribí el libro "Recuerdos Historias y Testimonios del Ferrocarril Provincial", "Juventudes que iluminan", "Encontramos Extraordinaria" y el más reciente "La Vida en #ModoMargarita" que lo presentamos en la plaza con gran concurrencia de público. Es la historia de mi hija Margarita Godoy, que ha dedicado su vida a la cultura popular. Fue cineasta, fotógrafa, conductora de radio y de Eventos populares. Feria del libro local Encontrarnos Una actividad que surgió de nuestra editorial es la realización de una gran Feria del Libro Local en el barrio San José. Esa idea nació a partir de comprobar que nuestros vecinos y vecinas por más que les inviten, no concurrían a las ferias del libro tradicionales, que se realizan en las grandes ciudades. Entonces pensamos que si pudimos hacer una editorial acá en el barrio, también podemos hacer una feria del libro. Así fue como, con el apoyo de gran cantidad de escritores y escritoras, de vecinos, vecinas, de la Delegación Municipal, y fundamentalmente de la familia, se realizó la primera y la segunda "Feria del Libro Local, de Artistas, Artesanas y Encuentro de Entidades" con gran éxito. La tercera edición de la Feria se llevará a cabo el 24 de octubre (siempre que nos cuidemos y podamos realizar actividades de manera segura). Autores autores a las entidades En el marco de la feria del libro promovemos una importante actividad que es la visita de autores y autoras locales a escuelas, jardines de infantes, centro de jubilados, comedores. A grandes rasgos queda presentada la actividad de Ediciones Encontrarnos. Nunca hemos hecho publicidad en los medios de comunicación, porque nos interesa conservar el espíritu inicial de la propuesta: Ofrecer un espacio para que los escritores y escritoras populares puedan publicar sus libros. Gracias por leer hasta acá. Gracias por ese espacio. Quedo a tu disposición. Elsa Torres La Calandria 1299, San José, Almirante Brown 1164128657 edicionesencontrarnos@gmail.com


Sin duda alguna Elsa Torres y su editorial son un refugio para los escritores independientes. A la medida de los que desean dejar su testimonio de vida en un libro. Hacemos un sentido homenaje en este espacio, a la escritora Sandra Mierez, fallecida por Covid. Su obra escrita perdurará gracias al dedicado trabajo de Ediciones Encontrarnos.

viernes, 6 de agosto de 2021

Es grato presentar a un escritor con mucho talento, pero por sobre todas las cosas, es un luchador en pro de la literatura. Su proyecto 38 Minutos Ediciones, le está abriendo la puerta a muchos escritores hacia un publico variado y viceversa. Trabaja duro: edita, promueve, nos une, elabora portadas, y a su vez nos presenta sus maravillosas obras. Esta es otra forma de editor y de editorial, una más de estos tiempos, que tiene que ver con muchos factores como: la crisis, el devenir del mundo virtual, la falta de oportunidades y el ingenio humano. Me alegra haber conocido a Vladimir Villareal y poder presentarlo aquí, en este BLog. Por ningún motivo dejen de visitar su página y sumarse a su proyecto. Doy fe de su honestidad y buena voluntad.





Vladimir Villarreal es arquitecto y escritor mexicano (Monterrey, 1977), amante de la ciencia ficción, el realismo fantástico y el surrealismo. Entre sus influencias literarias e imaginativas encontramos elementos oscuros que nos evocan a autores como Howard Phillips Lovecraft y Franz Kafka, además de sus elementos surrealistas al estilo de Julio Cortázar o Salman Rushdie. Otra fuente de inspiración, durante la niñez, fueron los programas televisivos de horror, fantasía e historias paranormales de los años cincuenta y sesenta, como One Step Beyond, The Twilight Zone, Alfred Hitchcock Presents y Alfred Hitchcock Hour, que marcan una influencia muy notoria en estos relatos. Sus libros publicados son "La Zombie y el Conejo" (cuentos), "Perreador" (novela) y "El Sitio Propicio" (Ensayo). Ha contribuido en antologías y actualmente coordina la Colección Relatos Sueltos de 38 Minutos Ediciones.


Algo de su obra:




El sitio propicio es un conjunto de tres ensayos que conforman un mismo discurso, que habla acerca de la importancia de una buena educación cívica en los planteles de educación básica y en el hogar, como base principal y pieza clave para alcanzar la democracia. El personaje central de este conjunto de ensayos es el ciudadano, el cual se presenta en distintas etapas de su desarrollo como participante directo, o recurso en potencia en la estructura política y el bienestar de su entorno.





El propósito de este libro es proporcionar una guía eficaz e infalible de edición de libros electrónicos para aquellos autores que ya se han decidido por la autopublicación pero que aún carecen de los conocimientos técnicos para subir sus proyectos a una plataforma de venta de libros digitales y concretar su deseo de ver sus manuscritos convertidos en una obra publicada. Con esta guía aprenderemos a maquetar ebooks de tres diferentes maneras: con Microsoft Word (en formato .docx y .doc), con Kindle Create (en formatos .kcb y .kfp) y con Sigil (en formato .epub), para lograr el libro deseado a la medida de la plataforma en donde se subirá. La propia publicación de este libro es la prueba fehaciente de que los métodos que se describen a lo largo de los siguientes capítulos tiene como resultado final el posicionamiento de un archivo en una tienda de libros. Es un tutorial cuya finalidad principal es la de ayudar a que los autores que lo pongan en práctica puedan crear en muy poco tiempo, por sí mismos, sus propios eBooks y que además los puedan vender.





Sus páginas:









Un relato:

Puntualidad de Muerte

 

Aquí un minicuento del concurso literario "Final de Bukowski", el cuento se llama "Puntualidad de muerte". Convocatoria de la Librería el Péndulo, las bases consistían en un minicuento de menos de 2,500 caracteres cuyo final debía llevar la frase: "El pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mí y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió".

 

Puntualidad de Muerte

 

 

 

Me despierto agitado tras tener de nuevo el mismo sueño recurrente, 5 veces en esta semana ha venido a mí la misma imagen que me acecha sin tregua, un gorrión amarillo que aparece de entre la penumbra y acerca su rostro al mío mientras abre su enorme pico. Siempre es lo mismo, despierto exaltado sin saber qué es lo que pretende, si sólo decirme algo o tragarme de un solo bocado.

 

Un sueño repetitivo, lo único que me faltaba para consagrar mi vida a una perpetua rutina, otra vez se ha quedado prendida la lámpara de mi buró y otra vez me he quedado dormido con un libro en las manos, "La máquina de follar" de Charles Bukowski, "¿A quién carajos le puede gustar leer eso?", me gritaba mi madre, "El protagonista se queda tirado ebrio donde sea, vomitado, y así apestoso se acuesta con tres mujeres en una sola noche", "¿A quién carajos? A mí, ¡bien que te lo sabes!", el libro fue de ella, nunca lo terminó de leer, lo odiaba por un cuento en particular, uno donde el vago protagonista viola a una niña indefensa, y el escritor narra con detalle la barbaridad del hecho. He leído 5 veces el libro y, para su consuelo, o el de su memoria, siempre me salto ese cuento.

 

Ya no es hora de volver a dormir, me levanto, me ducho, me visto despistado, me pongo la camisa al revés, me la quito y me la vuelvo a poner, ahora sí bien puesta. No logro sacar de mi cabeza el divorcio, tanto circo, hasta el Vaticano envió ya la constancia de anulación del matrimonio. Me abrocho las agujetas, despistado. Otra vez el fantasma de mi madre, "No debiste ocultarle a tu mujer que tu padre era esquizofrénico". Con todo y eso ella decidió tenerme, asimismo yo decidí tener un hijo, ni el primero ni el último que haya abueleado, esquizofrénico, como mi padre, a quien no conocí, pero que también a mí me heredó un par de detalles, no me dejan conducir un auto, y a pesar de eso creo que me desenvuelvo bien en sociedad, y tengo suerte de encontrarme con trabajos a menos de 15 minutos caminando.

 

Soy obsesivo compulsivo, eso me hace muy puntual y rutinario. Mi vida es una película que he visto interminables veces, todos los días me encuentro al señor de los periódicos apilándolos en un estante, al de los jugos de naranja exprimiendo las últimas dos, la chica guapa que reparte volantes, incluso el semáforo está sincronizado con mi andar, pues no tengo que detenerme y esperar al segundero para cruzar la avenida, sólo sigo caminando.

 

Igual que hoy, el de los periódicos, los jugos, mi divorcio, las naranjas, Bukowski, los volantes, un sonoro claxon, espera, ¿un sonoro claxon?, ¡hoy no vi pasar frente a mí el autobús escolar! Es demasiado tarde para volver a la acera, y demasiado lejos para llegar hasta la otra, donde me espera el fantasma de mi madre. Lo comprendo, todo cobra sentido, mi sueño recurrente, el enorme gorrión amarillo. "El pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mí y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió"(1).

 

1.- Cita de la Novela Pulp de Charles Bukowski

 

Autor: Vladimir Villarreal

martes, 9 de febrero de 2021

 

Salud. Comportamiento humano.         Miguel Ángel Flores Manzo                                                 

 

 

El no como factor determinante

 

 

¿Qué tan importante puede ser decir no en el momento adecuado? En muchos casos es determinante para nuestras vidas y salud física y mental. Lo expresaré con una anécdota de a mi amigo Ramón x. Una historia que puede tocarnos de cerca.

Era muy temprano en la mañana, Ramón vivía en su modesta casa. La noche anterior se había acostado tarde por escuchar a un sobrino que estaba depresivo.¿Cómo no ayudarlo?  Al otro día sería domingo y él podría dormir hasta más tarde.

No pasó como lo planeó, la puerta de su casa tronaba con los golpes. Ahí estaba por enésima vez Oscar, su compañero de la escuela primaria, devenido a un paria alcohólico. Le pedía por favor ayuda para comprar gas envasado y víveres. Ya nadie le abría las puertas a Oscar, era un borrachín sin remedio. Ramón no le negó asistencia a un viejo amigo. Medio dormido y sin pensarlo, desenroscó su garrafa y juntó algunos paquetes de alimentos para Oscar; quien trastabillando cargó con todo, mientras prometía regresar con un envase vacío al mediodía. Ramón tiritando volvió a su cama.

Al rato, golpearon de nuevo su puerta, esta vez era su hijo mayor. Acudía a su padre por un favor,  necesitaba prestada  su casa en el horario de la siesta, para intimar con su novia, ya que en lo de su amigo (donde vivía) las cosas se habían complicado. Le dolía la cabeza a Ramón, restregándose los ojos le dijo que sí. No lo pensó mucho, solo deseaba descansar, cosa que se había vuelto imposible. Después de abrigarse deseó tomar un té, pero le había prestado su garrafa a Oscar. Demás está decir que para ese mediodía el envase vacío no llegó, y sin gas para cocinar, Ramón tuvo que contentarse con unos pequeños emparedados. Ni una bebida caliente  que le calme el frío.

A la siesta llegaría su hijo, por eso, Ramón mal dormido y con frio por no tener gas con que entibiar su casa, se arrebujó en su campera y se dispuso a ir a un parque a leer un libro durante esas dos horas que su hijo requería intimidad. Cuando salía, el vecino que siempre le cuidaba la casa en su ausencia, le pidió que llevase su perro al parque. Ramón lo miro un instante y no pudo decir que no, la sonrisa de su vecino era tan amplia. El perro era un labrador y si tenía algo de inquietante el bello animal, era que si se le soltaba la correa, salía disparado como un misil para hacer un estropicio o cruzar la calle sin percatarse del tráfico. Si Ramón ya se sentía mal, ese perro inquieto lo puso aún peor en el trayecto; no llegó a leer su libro ni a descansar un minuto.

 Al regresar a su casa su hijo ya no estaba, así como tampoco la cena en su nevera. Cayó en su sofá abatido y malhumorado. Al llegar la noche, el bueno de Ramón se encontraba solo en su casa con dolor de cabeza y frio. Nada tenía para comer.

Molesto y con un dolor agudo por los nervios, se dirigió a la única proveeduría que permanecía abierta. Lugar al que él iba muy poco. Cuando le pidió por favor al despachante una garrafa a cuenta y unos sobres de sopa instantánea, este le dijo que no. Así, tajante, un no. Alegando que en ese lugar no se le daba fiado a ningún vecino. Ramón regresó a su casa con un dolor intenso en su costado y  cabeza, y un no por respuesta rotunda. Mi amigo, muy solo en su casa lloró, sin comprender. Él no le había dicho no a los demás.

Saber cuándo decir no, es imprescindible para nuestra salud mental y física.

 Tendencias                                                         Miguel Ángel Flores Manzo

 

A la cultura la transmutó el consumismo

 

Cultura, posible definición:

Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.

 

¿Qué estudian los jóvenes en gran medida? ¿Qué consumen, absorben y comprenden como cultura? Han hecho un verdadero arte del meme, al punto de extrapolar cualquier situación común a un absurdo total. Un trabajo titánico de los máximos exponentes de los memes, aquellos que no se les escapa nada, ni en las noticias, ni en el error cotidiano de la vida más común. Artistas del momento, que eternizan la desgracia del otro o su falta de cuidado verbal, cualquier furcio (argentinismo, error o incorrección oral que comete alguien en público) puede ser nutriente para la cultura del meme.  

Hay toda una revolución en cuanto al anime, desde Boruto hasta  Attack on Titan, pasando por el interminable  Naruto. Sin dudas hay un profundo estudio en las cualidades y facultades del interminable universo del anime, es tan vasto, tan complejo, que la mente necesita del ejercicio diario para absorber toda su evolución.

Los tipos o géneros de anime se pueden clasificar según el público y según la temática, entre los más vistos y los más seguidos, destacan el kotomo, seinen, gore, yuri, magical, kemono, entre otros. No es nada raro que un adolescente este profundamente enamorado de un personaje de animé, por ejemplo la encantadora Narumi Momose o el enamoradizo Goro de la zaga Darling in the FRANXX.

A todo esto, y en aras de una cultura que se las trae con la variedad sexual, el hentai (en japonés, que quiere decir “pervertido/perversión” o “transformación)  ha derivado en un árbol de intrincadas ramas sexuales, al cual los jóvenes tienen acceso en internet y sin mayores costos: Yaoi, Yuri, Vainilla, Furry, Ashikoki, etc. En esta forma de dibujo animado no restringido ni regulado, encontraremos   Bakunyû, mujeres con senos anormalmente grandes, Futanari, personajes hermafroditas o transexuales, que pueden tener ambos genitales. Lolicon. Niñas preadolescentes o prepúberes. No hay límites en el hentai, amparado por las formas animadas lo imposible se vuelve real. No existe un disparate sexual, el disparate sería para sus miles de creadores, no intentarlo.

Todo esto es un conjunto de conocimiento e ideas, vertidos a las nuevas generaciones, las cuales han desarrollado en los últimos 20 años el estigma de la imagen. La perpetuidad de la postura, el look, el retoque, el permanente estado de felicidad o lo opuesto, total apatía. El ojo joven es tan culto como una esponja que absorbe formas, brillos, colores y gestos a veces tan contorsionados como interesantes.

Horas de lectura en páginas sociales varias, que conllevan un desarrollo del intelecto inmediato, a fin de resolver la marejada de información que ataca a las neuronas. Que profunda transformación de la cultura, para comprender algo tan simple, expresado cierta vez por  Karl Lagerfeld, el consumismo es la nueva cultura.

¿Heredaremos a las siguientes 2 generaciones esta dramática transformación de la cultura? ¿Reemplazará este flujo de internet y consumismo a la cultura sostenida por tradiciones de tiempos remotos? En lo vertiginoso de los cambios actuales, podría desvanecerse lo conocido por cultura, hasta ser una sopa de fugaces datos estéticos, ideologías de pobres cimientos, lecturas vagas como el meme y los posteos a la pasada. Cultura animada hasta la deformidad, donde los sentidos confunden lo real de lo virtual. 

Porque hay un trabajo y un estudio de todo el universo consumista, no es lo mismo ser Otaku que pansexual, no da lo mismo seguir a Anonymous que a Dross en sus canales de You Tube. El flujo de información es tan vasto que bien podría lograr una forma de cultura ramificada, tanto como datos en movimientos haya.





 

 

Economía.                                                      Miguel Ángel Flores Manzo                                           

Ecosistema digital post-pandémico

   Sin duda esta pandemia global aceleró de manera exponencial el proceso de digitalización del dinero en papel. Nos sumergió de lleno en el universo virtual, desde las videoconferencias al teletrabajo, la masiva interacción en las redes sociales y las interminables ofertas de estudios a distancia.  Tanto aprendimos a consumir artículos varios desde la comodidad de nuestros hogares, como a viajar por el mundo en video que internet brinda. Somos ese usuario curioso, desde la seguridad de su computadora, merodeando por el Street view del Google maps. 

   Desarrollamos, una nueva manera de convivir con las sillas, sillones, banquetas y sofás. De comprender, además, nuestras cuatro paredes como espacios vitales y de supervivencia. Y,  por suerte, a nuestros seres queridos como fundamentales. Pero, por sobre todas las cosas, nos interconectamos en una novedosa realidad virtual llena de incertidumbre para algunos y aventura para otros. 

   Ahora somos contraseñas, perfiles y cuentas varias. Nuestro dinero se expresa en números en las pantallas fluyendo de aquí para allá entre servidores. Nuestras fotos, los datos y algunos sueños se empezaron a almacenar en las nubes. Dicho sea de paso, quien bautizó nube al servidor informático, es brillante. Dotar de ese nombre tan sutil a un artilugio que es capaz de almacenar cada byte de nuestros gustos, nuestra vida, nuestro pasado y nuestras afiliaciones es sencillamente una genialidad del disimulo. 

   Hemos perdido muchas vidas en esta pandemia impiadosa, muchos quebraron sus negocios y otros intentan encontrarse a sí mismos, como los que son víctimas de un huracán o tornado. El brutal sacudón de la tempestad los deja entre escombros heridos y desorientados. Así deambulan por la devastación, juntando su alma con sus enceres, sin noción clara de futuro. 

   Si algo hizo con quirúrgica precisión esta tremebunda pandemia es sumergirnos a todos en este ecosistema virtual. Esta geografía de dispositivos tupidos de aplicaciones que nos muestra un frío paisaje,  especialmente, en el orbe de las finanzas.  Alguna vez el dinero se respaldó en el oro; después de Nixon, en el petróleo; ahora en los servidores y las computadoras generándolo de acuerdo a las fluctuaciones del mercado. 

   El corresponsal bancario que antes nos ayudaba como un puente entre en los clientes y las entidades financieras, ahora está en nuestros celulares por el arte de magia de las aplicaciones. ¿Nos hace sentir poderosos nuestras billeteras virtuales y la rapidez con la que generamos transacciones? Despertarnos una mañana y vemos los números allí, en nuestras cuentas, por la gracia del subsidio del estado o de nuestros empleadores físicos/virtuales. ¿Simplifica esto nuestras vidas sin delegar nada? 

   En este ecosistema post pandémico que heredaremos, un viaje en compañía de otros aventureros dentro de la plataforma zoom, puede ser antiséptico, entretenido y seguro. Aunque apeste a fritura de nuestra cocina y los rayos del sol acariciando nuestro rostro provengan de la lámpara de luz del cuarto. 

   Lo creamos o no seremos tan virtuales como debamos ser, a fin de acompañar a esta nueva realidad aceitando sus engranajes. Nuestras citas amorosas con Face Time o Whatsapp podrán tener luz de velas acompañando una buena cena en las videollamadas y podremos hasta llegar a imaginar el chin chin de los cristales al acercar un brindis a las cámaras de los dispositivos. Ahora bien, veamos con atención algunos datos interesantes del ecosistema digital pandémico:

    Las celebraciones religiosas nos hallarán en salas de Facebook live, Instagram u otro cibersitio. El pastor salvadoreño René Molina citó: “Serán servicios sin personas, pero transmitidos para poder llegar hasta donde usted se encuentra a través de la tecnología”. 

   Por otro lado, las aulas físicas en los colegios hoy permanecen vacías y mientras algunos intentan encajar en este nuevo sistema de enseñanza, otros se arriesgan a las nuevas herramientas virtuales y conceptos como el planteado por Juan Armando Sánchez, profesor titular en Bogotá, quien sostiene: “El curso dejó de ser una lista de chequeo de temas, que yo incluía en programas y charlas presenciales, y se convirtió en paquetes de actividades orientadas en dejar mensajes perdurables en el estudiante”.   

   En cuanto a las finanzas, Freddy Castro Badillo, director del programa Banca de las Oportunidades, propone la meta de bancarizar al ochenta y cinco por ciento de los colombianos adultos antes del 2022. De acuerdo al periódico El Mercurio de Chile, sobre una nota de febrero del 2020, los chilenos han incrementado la frecuencia de compra mensual por internet por la alta bancarización (Arriba del setenta y cinco por ciento de su población). Así mismo decrece sin pausa el uso de dinero en efectivo, derrotado por el medio digital y sus variadas propuestas como mercado pago, billeteras virtuales y las aplicaciones que ofrecen los bancos  En argentina se avanzó, a través de una importante asistencia del Estado a la inclusión de un vasto sector de la población que permanecía fuera del sistema. Desde la omnipresente asistencia del ANSES, en pocos meses se impulsará a cuatro millones de personas a bancarizarse. De esta manera muchos argentinos podrán entran en este nuevo mundo del dinero digital. Fernanda Raverta, titular de la entidad indicó: “La idea es que podamos finalizar este cronograma con el cien por cien de hombres y mujeres bancarizados. Esta situación es muy dinámica y vamos a seguir haciendo cuestiones que acompañen a las familias, entonces es importante que todos tengan su CBU". 

   Sin duda alguna nuestras vidas cambiaron significativamente, en este nueva realidad virtual, la interconectividad será esencial. Los celulares serán portales al multiuniverso de las interacciones humanas y las transacciones. Todos seremos absorbidos por el sistema más temprano que tarde, o quedaremos tan aislados como un eremita en una cueva. 

   La bancarización masiva es la gran madre de las realidades, más que el amor chateado, las neosociedades on-line o la educación virtualizada. El dinero, esta adictiva necesidad que la humanidad ha creado, ahora se soporta y se respalda en servidores dispersos por el planeta y a la buena del mercado. Si algo logró esta pandemia es meternos a todos tan adentro de esta matrix. Lo virtual se nos hace tan familiar como las begonias de las macetas en el jardín. Y que Dios nos asista si no logramos escanear con precisión el código QR para pagar los víveres en el almacén. Antes que la interconectividad del 5G.  lo absorba todo, sería oportuno comenzar a asimilar este suceso virtual al que nos dirigimos todos tan aprisa como se puede.

   Bienvenidos todos al maravilloso y oportuno ecosistema digital post -pandémico. 




viernes, 5 de febrero de 2021

 La verdadera fuerza del chaleco de fuerza


Entonces llegó el día cuando me presentaron al  chaleco…  Después de una remontada de esquizofrenia y agorafobia, vi al mundo como a un monstruo deseando devorarme. Un Leviatán de personas que sonríen y conversan, que caminan como hormigas apresuradas a las proveedurías, a las tiendas por ropa nueva, al abismo de su decadencia o a perecer 24 horas más en  sus casas. Monstruos sonrientes y sudorosos más allá de la ventana, en el mar de luz que hiere como agujas.  

Tras romper cosas con los puños, la cabeza y  los codos, por la angustia destilada de un alma que pica y no se calma. Cuando el Valium no logró apaciguarme ni un poco  y el Halopidol traicionó mis nervios desbaratados, sentí que  Dios me había dejado de lado, que estaría en algún club jugando a las cartas y comiendo maní salado, harto de humanidad, desganado y con ganas de hacer añicos todo contrato de buena fe con su creación. 

En ciudades como las mías (nidos de rumores), las siestas son de clubes  y bares de barrio, se amasa para las tortas fritas y el mate, así  se espera a las cinco de la tarde, cuando las veredas vuelven a su pulso vital de peatones.  En urbes así, los locos son una comidilla de comadres para sacar jugo en amplitudes de ondas constantes. Todo viene bien, cuando la quietud es plena de perros que ladran bicicletas, y  se aprecia un sinfín de rutinas con forma de seres vivos haciendo cola en los bancos.

De repente, como una marejada, el cáncer social se me vino encima, agusanando mi soledad, y me sentí excluido hasta de mi mismo. En un rapto de ira y desesperación, me descargué a puntapiés en la heladera y revoleé macetas como frisbees. Volvía a ser el raro, un inadaptado que debía ser encerrado y apartado. Por esto, entre el escándalo y la confusión llegaron ellos, curtidos y  sin alma, cancerberos del más allá hospitalario. Son de hablar poco y drogar mucho, tan veloces para la inyección como para sacarte hasta la boca de la ambulancia como una jarra griega en el  aire. No sé de cuál campamento de entrenamiento surgen esos enfermeros decididos, pero son verdaderos mastines de la salud, tan fríos como lapidas.

 Tras una dosis de sedante como para poner a hibernar a un oso, las paredes de mi cuarto (último bastión donde me había parapetado) salpicadas con la sangre de mis nudillos, comenzaron a nublarse, se arremolinaban en un caleidoscopio de veladores, empapelado y muebles. Entonces,  agotado de luchar, llegó el momento del chaleco. Ni que fuese a medida, hecho a mi talla por un modisto meticuloso, un elegante modelo de Manuel Pertegaz de lona reforzada  y ceñida. Algo largas las mangas sí, pero necesarias según parece. Creo que lucía bien en ese chaleco, ahora que lo medito, lástima no había dejado un espejo sano para verme. Era de lona gruesa con fuertes hebillas  y por más que lo intentaba, tironeando hasta el dolor,  no zafaban  mis brazos. Balbuceaba maldiciones e improperios a los enfermeros que me sujetaban, mientras una tía valiente deambulaba por la sala santiguándose, intentando espantar con rezos a los demonios que moraban en mí y se salían del envoltorio de carne para reptar por los cuartos e inundar de lobreguez el lugar, seguro ella era otra  víctima de sus pellizcos.

 La locura es un ente travieso ¿saben? que aguarda paciente su hora para jugar.  

Estaba vestido para una gala en los pabellones blancos e impolutos del nosocomio.  Así fruncido y bien sujeto, y a pesar de  las firmes ataduras, al bajarme por las escaleras de mi casa, me mantuve pataleando e intenté morder alguna oreja. Tan fiel a mi agorafobia, que sentía arder a mi cuerpo ante la mirada del puñado de curiosos, congregados en conciliábulo para el cotilleo puntilloso afuera de mi casa.

 Yo siempre lo pensé, mucha mala suerte tenemos los locos, somos  desarmados  de humanidad muy rápidamente y según las conveniencia de los actuantes, dentro del cuadro curioso y comercial, montado para la arbitraria manipulación de la locura.   El carnet con ese estigma lo llevaremos de por vida, los desacatados dementes. Renovarlo es tan  fácil, basta alguna discusión enardecida de almacén para que la posesión reaparezca. ¿Cómo un loco  va a entender que le despacharon  jamón cocido y no paleta? Un loco está para contemplar paredes descascaradas, no tiene voz ni voto, en una ciudad “normal”.

Junto con  el poder disuasorio del chaleco, están los psiquiatras aburridos ya de probar tratamientos y opciones para jinetear a las  briosas neuronas, que dan cabriolas entre la lógica y el desvarío sin descanso.  Luego,  están los laboratorios y sus inauditos fármacos con nombres tan egipcios como Akineton o tan alienígenos como el Clordiazepóxido. Más allá, en  el fondo del patio encontramos una sociedad que no se molesta en comprender, porque apenas si asoma la nariz de su propio desperdicio moral. Y bajando profundo, asentada como la borra de un vino malo, una forma solida con ventanas enrejadas y altas paredes. Un manicomio que espera ver rodar nuestras mentes colapsadas sobre  sus desinfectadas baldosas. Es la desesperación al cubo; sólo el que pasó por esa experiencia, conoce cuan siniestro se vuelve todo en ese calvario de irrealidad y hastío.

 Cuando fui arrojado en la ambulancia (tenía pinta de coche fúnebre adaptado) por los tres enfermeros que me cargaron como a un tiburón fuera del agua, dando coletazos y dentelladas, porque pateaba tanto que no podían  cerrar las puertas, así que me ataron a la maldita camilla sin mucho preámbulo. Creo que algunos parroquianos lloraban por ahí afuera, mientras otros disfrutaban del show de la siesta. Quedé solo, sujeto por tiras de cuero y anestesiado, babeando como un perro rabioso, rebalsado de impotencia y terror. 

Las ambulancias viajan rápido y no es secreto, tanto que por dentro se siente una sensación de montaña rusa aséptica. Hubo un badén en particular, donde mi cabeza golpeó  el techo y sangró mi nariz, fue ahí donde me sentí el más solo de los mortales. Atado como un matambre comprendí lo incómodo de ser un loco.

 Aquel día del chaleco, fue como la consagración de un caballero medieval que pasa a ser parte de la mesa redonda de los desquiciados. ¿Cómo describir lo que se siente, si la mente se halla entre penumbras por los espíritus  del desequilibrio? Sólo puedo decir que estoy entre los que han sido ataviados con la gruesa y blanca lona de un chaleco de fuerza, como una élite de los que pasan la raya. Aún sigo tironeando de los recuerdos intentando desajustar las hebillas.

 Mientras tomo un té de peperina, recuerdo aquel día.  Caía el sol como una piedra pesada desde  el barranco de nubes, cuando la ambulancia arribó al hospital psiquiátrico. Allí pasé algo desapercibido durante esos letárgicos meses, ya que me convertí en uno más del revoltijo,  al pasar las puertas con cara de pato de feria al que los tiros nunca le aciertan. Hacia la noche   adopté  al chaleco de fuerza, harto de luchar por quitármelo con las pocas fuerzas que me quedaban, hasta que una cucharada sopera de polvo de sedantes me hundió en un sueño tan denso como bucear en brea.  

Solo diré que por los pasillos de esas instituciones, puede no distinguirse   una estatua de una persona, con tantas pastillas encima la realidad se distorsiona. Cuando pude deambular fuera de la habitación sin el chaleco, comprendí que la verdadera fuerza de esa lona gruesa está en cuánto intimida. Puede contener al más brutal en los confines de su rebeldía. Un dolor de hombros a punto de desgarrarse vuelve a sumir en una absoluta soledad al demente. Es devastador su significado. Dicho esto, podría contar de qué iba la cosa entre las frías paredes del nosocomio, aunque en verdad, dentro de ese universo de luz fluorescente,  la realidad se diluye en la inseguridad de una sopa…






 LA PEOR CARA DE LA HUMANIDAD ES LA QUE SE REFLEJA EN EL ESPEJO DE NUESTRA PROPIA DEVASTACIÓN. TENGAMOS PRESENTE CUÁN ATROCES LLEGAMOS A SER.