martes, 23 de abril de 2024

Esta sección del Blog, pretende ir a la par de las novedades más destacadas acerca del desarrollo de las IAs. Los escritores deben estar atentos a este cambio disrruptivo de la humanidad, conocer sus pros y contras. Espero que estos reportajes y documentales, cuidadosamente seleccionados, sean de utilidad.

https://www.youtube.com/watch?v=PPMb_rrej5c&t=495s 

lunes, 22 de abril de 2024

 ANTIPOESÍA

Instante de modulación amorosa
Godínez y la condesa
matean amargos bajo el laurel.
Padecen un amor de astrolabio,
de sextante roto.
Cabecean estrellas semánticas
con la polea cervical del deseo
y suspiran.
El olor a puchero es equidistante
al jardín de las tigridias y los rododendros.
Al caracú le importa un pito los misterios de la pasión,
aún así,
ella se descose soplando el tuétano.
Él es respetuoso, en su abandono.
Pasan minutos como soldados al frente
y la raíz que soporta a sus afectados miedos
preferiría escarbar en Ruanda; lo que sea,
un pozo ciego.
Y los cuerpos… los sujetados cuerpos.
Godínez anuda su boca para un abrazo oliva.
Cruje un cartílago; lejos
un plato volador estrella bandadas de loras.
Del cielo, los fusibles, llueven
y varios grises en sudadera tricolor, a la francesa.
La parquedad se agusana y la cuestión amorosa no avanza.
Ella estira sus piernas, maldice las varices eléctricas que la acomplejan.
¿No te ha pasado?
Antes de hacer los deberes, juegan piedra, papel o tijera
y, por ello, las dentaduras postizas descansan, inolvidables, entre macetas.
¡Ahora sí…! Abra cópula de párpados,
pinceladas sarcoline en los roces
y arbitrarios mordiscos,
con carpa.
Eschatological disease
Pis nena
en los ojos, hacia la boca,
en la desenfrenada fronda de las cienes del planeta.
Como mierda verde menta,
pasta negra,
desde el rosado volcán que defeca
eslabones endiosados de boñiga fresca.
Efluvios del advenimiento y
un escapulario manchado ocre.
Pis nena,
para la cara deforme del momento,
de la fuente magnética.
Entrepierna.
Una caricia fuera de rango,
con la fusta manifiesta de tu revés,
a la perra
vieja y obsoleta perra
que desea.
Paroxismo escatológico en la madre selva,
líquida, acida, dorada y tibia.
Los dedos estrujan heces,
escurre el palpitar del minutero beige,
como soliloquio de intestina pátina
sobre el lienzo del sumiso papel
de la carne vieja.
Fiel perra…,
nena.
Total…
A ver si nos corremos,
a pleno vientre convexo,
encima del enjuto eventual colchón
¿aséptico?
Como se corren los zares en colectivo
o los bazares en sus ollas de aluminio;
carreteando los espasmos
hasta el último, impreciso, momento.
Como un torniquete a la herida, comprimidos,
vaporosos y saturninos,
en el entrepiso de los canguros, corridos.
Leche encendida de tibia y peroné, tuya,
mía, del cuadriculado vecino, que mira.
Callejón de gemidos
sin perdones ni careteados avisos.
Por los estremecidos fumados dientes, distorsionados
y amarillos
y los cinco ojos perdidos
en un polvo cobrizo, termonuclear.
A ver si probamos a mi lanzacohetes moderno
en tu culo atornillado de maniquí divertido.
A ver si nos corremos
en el banquillo perimetral del vecindario vencido.
¿Y después?
Pornografía
Desviste, la noche, sus cadáveres inciertos.
El rimel ventral del parpadeo
cuaja en la cúspide morada de una lengua
que destila
ámbar estilográfico
en un escote de huesos.
Solo cuencas abisales
contemplan
el descosido dobladillo del instante.
Y nosotros, cabalmente muertos,
rozamos dedos,
umbríos, asimétricos y ennegrecidos dedos,
bajo el redil del blanco manto,
deslumbrados por el pulsar de las ánimas fluorescentes.
Entumecidos de cielorraso
nos amamos
como perros abotonados,
sin botones, ni perros o jalones desesperados;
tiesos y
en la henchida curva de los gusanos.
Fantaseamos besos de escamados labios,
eléctricos estremecimientos
en formol,
como sacrosantos payasos
del itinerante circo de plumbago azul
que envuelto en llamas
nos abrazó.
Extraña métrica senegalesa
Pi jas de mor ci ll osa he ren cia
man ci llan cu los chic lo sos
sin una piz ca de caute la.
Le chu das ne gras pan a ceas
de las con fesas
ball enas viejas, agu antan tercas
va ras ere c tas
ha sta la me ta de sus putas p eras.
Son ambi ciosas las re carneras
y se ahue can sin la más métrica
que sus vul vas chuzas
por mil ch oca das
y por tre s pe l o s tan asimétric as.
Será d eun di os e sta cho ta BESTIA
senegalesa.
Eco, praliné, díscolo
Praliné encaja eco,
dislate en tres por cuatro a sotavento
y ñoño en vez par serpentina
pez.
Carlomagnos en carmín macetón
diversifican ostensible latitud del díscolo yunque
y su palúdica luctuosa grulla
de acetileno del lux.
Haz casi candil homomelífugo
en clave de do,
veintinueve pies a la izquierda
sobreseído de promiscua aunque tos
branquial q.
El dromedario u ve doble politeísta del forúnculo aquel sí;
troquelar esperma de simio liso,
con asterisco derrape
¡ni hablemos!
Mil cuatrocientos siete y x pulgada rosa
glu, puf, ventrílocuo ñam,
atchung mamma.
Lo siento, listo, ante creo…
eventuales yo.

martes, 16 de abril de 2024

 



Antipoesía

 

Antipoesía, una forma molesta, embarazosa y, sin compás, de recombinar palabras; la migración del buen gusto a ciertos estadios trágicos, turbios. En definitiva, un giro de último momento por la cerrada curva de la creatividad.

Proclamo a la antipoesía en esta mañana apagada de picoteados nísperos y laurel sofocado. La veo deambular, desnuda y aterida, sobre el musgo; profundamente vagabunda por el patio del absurdo.

La antipoesía, un objeto confuso para adorar desde los pasillos de la locura; polvo que arrojar al vendaval en el remolino del tiempo. Una epidural descuidada al tuétano del alma.

Antipoesía…

Al leer, tápense los ojos.

 

 

 

Luces del túnel

 

 

Luz blanca en la explanada

subterránea.

Ecos a la distancia amagan

y un fantasma reaparece de azulejo

surcado por irremediables dedos con caca.

Por diarios, entronizada, te hallo

sobre una banca poco convexa,

nada lisa, abollada.

Escupo en tu laxa oreja,

fuente de plegadas parábolas,

malditos versos de un poeta entristecido

y aún más maldito.

Y solo pedos, ¡rajá de acá!, tú me contestas.

El tren marchito, esta vez, no tarda;

como una máquina de mazapán

abre su boca ,

escupe moscas del subterfugio y otras endebles cosas mojadas.

Voy al agujero,

quedas atrás, enrollada,

hecha un ovillo de festichola parda;

arrepentida, quizás, y meada…,

estrafalaria.

 

 

 

Concierto en Caterpillar

 

 

Darío ronca

topadoras por la avenida.

Su panza abandonó la brisa

y su risa, por completo, desencaja.

Se rasca orejas y el mordaz ombligo

y es el manchado espejo

que lo detesta en las mañanas.

Él se mira con franca justeza

a ver, si acaso, ¡despierta!

Ronca Darío

hipopótamos ralos estreñidos

y aguarda por aquel sueño, en vano,

de adelfinadas y ufanadas gacelas tuertas,

que corren elípticas por la sabana,

y las frescas noches de estrepitosas fresas.

Darío ronca

latrocinios de blindados tanques en su siesta;

taxativas, sus entrañas, le molestan.

Su panza abandonó la brisa

y es la camisa que ya no prende

en el paralelo que más le sorprende

de su absurda y abnegada barriga.

Ronca Darío

monolíticos cencerros en la misa,

y judíos, al remate, en Caterpillar.

 

 

 

Misterio

 

 

Que me perdone Juan XXIII

y descanse, eterna, su aura;

pero es la amarga conciencia

que abre las puertas del karma.

El miriñaque del cielo, a la sotana, sostuvo,

si acaso el incubo, repartidor “de la leche”,

profanó las eclesiásticas telas doradas

con la mancha viscosa de la infernal legionaria,

en el devenir de las apócrifas páginas

leídas, boca abajo, en las iglesias paganas

y en cenizas de episcopal ausencia

la fumata negra se ha engullido al Papa.

Quién logre entender, que mande una carta,

siempre hay un listillo revelador de misterios,

para sus ojos de búho y cabeza plana

será, esta poronga, una veritas papa.

 

 

 

Pura vida

 

 

En la cuna de la demencia

mora un bebé demacrado,

perdido en recortes de diarios,

en alfileres de gancho y masilla.

Sus manos, con precintos, sujetas;

torcida, su boca,  una tabla.

Aterciopeladas ratas darán cuenta

de la carne almidonada de blanca

a morada de frió y marchita.

Ataúdes a medida, ¡quién quisiera!

para una muerte de alabastro tan pequeña;

tanto

que no deja, su alma, a la osamenta.

Un despiece de rosarios en la seda,

varios cirios encendidos desvelados,

otros rezos, otras cruces dadas vuelta,

alguna daga que ansiaba ser afilada

y se ha usado

como se usa, mal, la baba negra.                                              

En la cuna de tal corrugada locura,

la paloma, en su desplume, descansa

bien sumida en la noche de las noches,

de procaces maxilares en penumbras

y de efímeras hornallas asfixiadas.

 

 

 

 

El toque

 

 

El tormento es tu caricia aceitosa,

deja marcas de una pena a la rastra,

surcos rancios en mi espalda surcada,

crudos lirios, la dermis, demuestra.

¡Qué me tocas y no me tocas, me desgarras!

Son anclas tus lacerantes uñas,

ancladas en las encarnadas huellas.

Será una canica de pizarra partida,

o será agrio tazón de avena;

será leche de madre yerma,

quizá la cáscara de una larga condena,

mas nuca seré, yo, por tus manos malsanas,

hurtados jirones de voluntades necias.

Perfidia paren tus ojos ambiguos,

llenos de tiras expoliadas mías,

en el plano obtuso de la concupiscencia, 

en el sumun de la tiranía.

Son insidia tus dedos de brea

y caminan,

sarmentosos caminan,

por los valles velludos, caminan;

poseen lo que arrancan,

y segregan.

 

 

 

Caníbales al pasto

 

 

Corten y coman los trozos,

cenen a panza repleta

que mi carne les sacie el espanto,

sufrida hambreada jauría.

Han visto, les dejo mis partes

tan limpias como blanca vajilla;

mastiquen los muslos, de apoco,

ahonden hasta cansar la barbilla.

Es suyo mi cuerpo agotado,

abandono del destino a las bestias,

la tundra no ha dejado comida

y surgen, las horas, desiertas.

Coman de mí, ya parto,

caliente esta sangre los baña

y, en caso, que comieren mis hijos,

¡se ahoguen, bien, con mi picha longeva!  

 

 

 

¡Qué mierda de porqueriza!

 

 

Qué puerquito eres,

un puerquito.

Olfateas escasas tetas,

recién asomadas;

bacalaas carnes sonrosadas.

Desde penumbras apesadumbradas

sórdidos, tus ojos, contemplan

el promontorio meloso de la zanjada.

Puerquito narigudo,

eso eres, puerquito,

como el deslizado amigo del rayado Winnie Pooh.

A los saltos por la selva edificada

tu puerca pezuña avanza;

de dulces y paletas, el chanchito, se arma.

En sus cartucheras

mil otros dientes guarda,

por si entre las puercas sombras

sus dentelladas fallan. 

 

 

 

Ominoso poema

 

 

Lorna sujeta sujetos sujetados de ira,

en Babilonia Editorial.

                                 Nevermind.

Del pistacho zepeliano, ni fu ni fa…,

                                                           los pitufos, menos.

Sam ha dejado de tocar otra por los ruidos molestos.

                                                 Estreptococos en botella de las tres y cuarto

y una media rasgada de lycra.

Presumido, El Sacacorcho y su centro, bien echado, de dolmen.

ETA me vuela el mate.

                      No sé, ¿y vos?

DEPENDENCIA DE SERVICIO, SOLO PERSONAL AUTORIZADO.

Sinónimo ultradimensional de parafina: Archaeopteryx, europio (EU), dodecaedro, comechingón, en ciernes; Ziplocs; Bonanza, la serie.

Poetas eran los de antes,

                                       ahora son meros kamikazes de la perestroika.

Licuefacción.

                      End.                   

 

 

 

 

Papanicolaou

 

 

Fornicar entre corchetes,

desde un estornudo de cadera apolillada

hasta el piélago del otro,

no es coger.

Menos que menos, echar un polvo xanadú

por la vertiente plana del ojo.

“Arde la entraña…” expresó Matilde, en el intersticio

de un papanicolau de colibríes homicidas;

punto y aparte, gozó.

No se la puede poner por poner, vos lo sabés…

A caballo, se acaba rápido, más si va sentada Madonna en shorts

y es ignominia no presenciar la cosa.

Total, culea el gordo, entre asteriscos mañosos y comillas españolas,

como un guasón huracanado o un coya sin su llama.

En tobogán de ambarinas luces se hace el amor;

suspiro de montaña empinada,

aleteo del femoral contraído, demiurgo del tácito encuentro,

amatista a horcajadas del alma.

Para follar es bueno el Euro y el Scania doble cabina,

(en teoría).

La mamma no se clava, ni en la cruz de Caravaca,

ni siquiera es factible espiarla por la hendija de la galaxia,

dicho sea de paso, ¡qué macana!,

deshago la paja: a, j, a, p.

 

 

 

 

La vida es una mamada

 

 

 

Chupa el Triángulo de las Bermudas

galeones cojudos y avionetas bien piloteadas.

Chupan los milicos en autos verdes; verde oscuro aceituna

y a la hora trotskista que sea.

La Paola chupa, entre el fresno tupido y el sauce que llora desencuentros;

despacio chupa,

al desliz de la gaza  lengua en la noche.

Chupa, con sigilo isleño, el chupacabras vertiginoso

y hace fina cadera en las fintas de la escapada gallinácea, chupa.

El de la barra, solitario e índigo tulipán, chupa

tequila volcánico del golfo de México,

a esponjosa boca y suerte echada,

lo hace.

Chupan los ovnis, con rayos tractores y artilugios a la moda;

después de Dwight Eisenhower, los “almendrados”

todo lo chupan.

Y me chupa uno si tu mujer no la…; ella sabrá, después de todo.

Una hipérbole de tristeza es cuando el cajero chupa

los billetes magros de tu sorbida realidad.

Peor aún,

el agujero negro también chupa y como chupa

esa bocacalle de destellante negrura a la misma buhardilla del gueto sideral.

No crees, acaso, que

¡toda la vida turra es una apoteósica mamada!

 

 

 

 

Supermercado chino

 

 

Ya no compro en los chinos:

manteca, dulce de higo, destapa cañerías,

bombas de humo, batatas o atún desmenuzado.

Ni siquiera, repasadores purpúreos anaranjados,

fósforos Patito, escarbadientes (los de plástico duro),

pate de foie, turrón del año pasado, sandalias baratas,

detergente Camello para ropa fina,

un bidón de lavandina, jamón cocido,

ni hamburguesas de a dos.

Tampoco aceitunas descarozadas…, no.

Bolsas de agua caliente, paltas chilenas o disfraces de Optimus Prime;

ni modo.

¡Esta todo condenadamente caro!

Amarillos desteñidos, se avivaron.

Mañana migro al coreano.