Posibilidades
"Nunca subestimen al lector, merece lo mejor de nosotros"
viernes, 21 de junio de 2024
METAPOESÍA (poesía que se interpela)
PÚLSARES LIGEROS
Esta entrevista abarca grandes temas actuales y va más allá de la mera innovación, nos deja un mensaje trascendental. Muchas gracias a los creadores.
La Fórmula del Éxito - Podcast
sábado, 8 de junio de 2024
PODER
Si pudiera destejer mi vida...
Encontrar la manera hasta ser ovillo,
vellón blanco, cuero de oveja,
alma lanar, misterio.
La mota imperfecta en el pliegue
del ayer; un hilo, muy delgado, de mí.
Ser un canto llano y sin repechos, sin nervaduras apretadas en las notas o un ritmo tumbado en el olvido.
Una flor hacia atrás, al brote lascivo que monta su tallo, flujo vespertino al cuenco de la tierra.
Una semilla de sicómoro con alas de mariposa, con la curiosidad de Zaqueo y los soñados racimos de tempranos higos de julio.
Si pudiera entretejer mi carne con la muerte y ser un refajo de bayeta en la cintura del tiempo.
Una refriega a los evos que despliegan peajes en la transitoria fecundidad del ambarino negro.
Reencontrarme en el sancocho de tu plato, encima de tu falda cuadrilllé y en tu mirar que despunta azorado.
Atravesar el ojo de la aguja con un pabellón de locos despoblados de ansiedad, con un ático de terrosos matices o un rellano de balandros, sin amarres y a mercer del viento.
Si pudiera... escribrir verdaderas locuras con febril desdoblamiento y volver al punto donde todo comenzó, lejos de este día medroso e impreciso.
Ser casa sin hipoteca, ser mueble separatista, ser espina atemporal y adulada madera, ser un silbido en sí menor enhebrando estratocumulus, ser infecta forma en el estaño blando, ser los latidos de un pollo antes de la inminente decapitación.
Si pudiera empezar de nuevo y entender de que se trata este circo de la histeria.
Hablar con poesía en las piernas ensombrecidas, llorar entre letras deformes, enfermar sin privilegios de una casta estelar, escribir ante espejos que no reflejan más que al rojo alienado.
Volver a mí, después del viaje en espiral que es una vida sin pausas. Del rulo a la cigota, de la galaxia al agujero negro, del cisma al intersticio, del ojo a la contemplación sistémica.
Si yo pudiera...
Comprender el nudo de mis dislates y, con dedos temblorosos, desatarme del pensamiento para, al fin, descansar.
miércoles, 24 de abril de 2024
Casa
La
casa, con sus pesares,
se
enjuaga de sombras
cada
tantos atardeceres.
Rechina,
cruje, zozobra en sus cimientos;
se
estremece de presencias.
Arrastra
su reuma de tragedias
que
escabulle el sueño entre sus aleros.
Es
la argamasa que habla entre sus quebradas paredes
y
cada ladrillo, en su retruque con el viento,
despliega
la jerga de los pueblos que han ido muriendo.
Por
la bruma de la desolación desparecen objetos
y
las luces galopan la noche, atemporales e intransigentes,
gélidas
como la vasta negrura del campo.
Mientras,
al pasar, se santiguan los que pueden
y
nunca faltan los consabidos respetos
al
caer el sol desorbitado, arreado por los espíritus de la noche.
Es
notable ese muestrario de sobrecogido apuro
en
esos parroquianos que, por devotos,
se
enlutan sin asco ni tiempo.
La
casa y sus espíritus se han desvencijado de risa
hasta
el regocijo de sus jambas,
sus
antepechos y canaletas, sus estatuarios mármoles,
tras
maldiciones de comadres con sedas al cuello
y
su batallón de ajadas estampas.
Comprendida
y soportada
por
la carcoma del mohoso entablado,
y
las ventanas que, sin causa, se agitan;
es
la casa arruinada… errabunda,
porfiando
su historia extraña.
En
la polvorienta buhardilla
o
en esos caireles, que aún se sostienen,
danzan
fantasmas inoportunos alienados de niebla,
aturdidos
de grillos,
redundando
en el silencio de una muerte esquiva.
Tras
un puñado de ocasos, se lava de espectros la casa;
se
despabila de sus muertos, los ahorcados y los enfermos,
los
degenerados… los inocentes niños idos;
aquellos
que pretendieron poseerla y, entre tantos,
la
pareja de vascuences migrantes,
sus
últimos y apesadumbrados dueños,
que
lacran el cementerio del eterno otoñal jardín trasero.
Carraspea
la casa, se retuerce y enerva,
cual
cadalso en el olvido, o arcón henchido de carteados momentos;
hasta
que toda oscuridad se aquiete,
se
llame al orden, se volatilice y consuma
o,
por fin, duerma.
Ecosistema
de puro amor (a mi hijo Vladimir)
En un suspiro de luz la
vida
nos fundió,
nos pegó, amalgamó, nos
unió.
Engarzó como a dos joyas de
alma y carne.
Nos ha adherido a un
propósito de paz,
y con el símbolo del
infinito nos convergió.
Fusionados, combinados y mezclados,
mas nunca por el camino de
los disgregados.
Esta magia nos juntó y
aglutino: en un llanto, en un beso,
en una conspiración de
cachetes tibios.
Así de conectados, aunados,
aliados y federados,
nos sentimos cuando estamos
sujetos
y atados por tanto amor.
Algunos citan: confabulados;
otros aseguran: entrelazados;
yo retruco: ¡incorporados,
ensamblados, anexionados!
y, sin duda,
solidificados en la mutua
reivindicación de padres e hijos.
Acá estamos: vinculados,
adosados y adjuntados,
todo el tiempo, contiguos y
tan encariñados
como vecinos de un mismo gen
abrazando un mismo árbol.
Cosidos y entretejidos, allá
vamos,
tan felices por engrudados,
tan ensimismados…
en un ecosistema de piel y
comunión imposible de ser separado.
Ocasiones
A
veces, son besos;
otras,
la deliciosa penumbra.
Repentino
aleteo
de
la trémula presencia
invade
el sueño,
devela
aquellos ritos
de
los amantes del tiempo
estacionado
en doble fila de los apurados silencios.
A
veces, las risas;
otras,
son
solo cuerpos,
deslizan
sus roses,
se
parapetan en pensamientos
abrumados
por el incesante repique del deseo.
Complicidad
de la bruma
del
carrusel solitario
donde,
tímidamente,
y
en un destierro de razones,
solíamos
besarnos.
A
veces… los grillos,
corcheas
de inquietos dedos,
marcan
el ritmo para la piel del invierno,
desnudada
de pasillos,
alcobas
o buhardillas,
sometida
al íntimo compás en los labios de fuego.
Otras
veces,
la
trama de una pasión desleía,
en
un aljibe de lágrimas,
en
una sombra desglosada, aterida,
por
una calma de amantes,
inoportunos,
desvencijados,
que
en estrellas fugadas de promesas
y
en letargo, se vacían.
Aunque,
a veces,
hay
corazón;
mientras
que, otras,
el
estigma azulino de las longevas palabras,
aguardando
por aquellas cartas
nunca,
jamás por siempre,
escritas.
Esta es la introducción a mi libro Ma-Rock, historia del rock madariaguense y zonal. Es de distribución gratuita en mi página de Facebook: Daimon Escritor.
MIGUEL ÁNGEL FLORES MANZO
MA-ROCK
40 AÑOS DE ROCK EN LOS PAGOS DEL TUYÚ
Prólogo
Es de noche, hace calor y llueve sin pausa.
Una gotera, clara y constante, emula a un metrónomo. El mate está ensillado,
bien caliente y amargo. Una compañía inevitable igual que el café, el
cigarrillo o el whisky, para el escritor en su soledad. De fondo, suena Rock
and Roll de Led Zeppelin, mientras los truenos montan acordes de quintas.
Cuando comencé a escribir este libro no
imaginé el aluvión de anécdotas que encontraría, ni cuantas personas
maravillosas se irían sumando a esa lista de hermanos del rock que hacen de la
vida un escenario vivo e intenso.
Es notable como crece y se desarrolla un
mundo diferente, en el cual, los jóvenes montan sus beats, parapetados tras sus computadoras, e inventan creativas pistas
con samplers y cajas de ritmos. No
obstante, desde el acumulado hollín del tiempo, resurgen sin miramientos los
maestros del overdrive.
Década tras década, regresan a los escenarios
las criaturas de la medianoche y la desesperación, para mostrar la imparable
furia del rock. Siempre resistentes a las modas y ametrallando desde sus
baterías, con la solidez del bajo y el ataque de las violas. Estos
terratenientes del power chord han
sabido mantener caliente la sangre y despiertos a los sentidos, generación tras
generación, a pesar de un sistema digitalizado que los quiere exiliar.
Es por esas voluntades sumadas, de hombres y
mujeres de alma eléctrica, que un evento llamado Ma-Rock ha perdurado por
cuarenta años. ¿Cómo sobrevivió un recital multibandas tanto tiempo y sin una gran empresa apuntalándolo? La
respuesta a esa pregunta está en este libro y tiene mucho más que ver con las ganas
y los sueños, que con la ideología o la rebeldía.
40 años de vida en General Juan Madariaga, una
ciudad de tradición gauchesca, donde la gente se muestra bastante conservadora.
Parecía complicado discernir la contra postura que implica un evento de rock
con respecto la tradición del campo; sin embargo, mis ideas comenzaron a
aclararse cuando me detuve a observar a la madre de mi hijo mientras fabricaba
uno de sus atrapasueños.
Dentro de ese círculo mágico y filtro de toda
pesadilla, que es el atrapasueños, hilos de diferentes grosores y colores se
entrelazan, se mezclan y se encuentran en sus intersecciones. Esa red, extraña
y ecléctica a su vez, atrapa a los
sueños que intentan escabullirse en el éter y los depura.
Cabe suponer, que en el principio de esta
historia, una caprichosa malla de red tamizó a los sueños de muchos, de sus egoísmos y sus individualismos, lo que
concluyó en el deseo supremo de trascender como comunidad para hacer oír sus
expresiones musicales.
Si nos remontamos hasta antes de la
restauración de la democracia, nuestros roqueros madariaguenses y los de las vecinas
ciudades balnearias ya habían comenzado una constante integración. Quizás fue
el mero destino, la necesidad de compartir gustos, o cierta opresión de
aquellos años que los agobiaba, lo que los motivó a desarrollar sus propios
equipos amplificadores, notablemente artesanales, como lo hacía el joven Enzo
Di Gaetano, para salir a tocar con un sonido propio y personalizado. O bien,
llevados por el mismo descontento social, dotaron de significativos nombres a
sus bandas como: Caos, de General Juan Madariaga o Pus, de Pinamar.
Capaces y arrojados, los músicos de estas
tierras, que fueron médanos salvajes en otras épocas, planicies o arenales, donde
el malón azotaba junto con los vientos y las tropillas eran lengüetazos de
crines libres por los campos. Toda esa conjunción de historia viva ha decantado
en canciones que se rebelan poderosas y que perduran, en amigos en el
reencuentro permanente y en guitarras eléctricas o acústicas, bajos y baterías,
que no dejarán de sonar, aún, después de otros 40 años en el futuro.
Porque, el que tocó los “tachos” con Liberato
(banda de rock y blues de Madariaga), luego teloneó a Pappo en la vieja Esquina
Disco, con Foker EC (banda de metal pesado de General Madariaga) y continuó
aporreando su instrumento en la Bon Scotch (banda tributo a AC-DC también
de Madariaga) y, aquel otro que, de
pibe, escuchaba a las bandas que ensayaban en La del Sur (legendaria sala de
ensayo comunitaria), entre esas largas tardes de ajedrez y las “frescas”*
compartidas, es el mismo que armó bandas de punk rock y se sacó bien las ganas
tocando en el Rockanrolazo de la primavera, en la casa de la Cultura, y también
en el Ma-Rock, en el parque Anchorena. Hoy, es un hombre con dos hijos y
escucha a Sumo, Hermética y otras tantas bandas junto a ellos.
Y vos, que tocaste con aquel y el otro de más
allá, y Daniel “Orli” Juárez, que formó Iceberg y Tren Nocturno (entre otras
destacadas bandas), en el presente, enseña batería a los más jóvenes; así como
el profesor Fasanelli, en Pinamar, le daba clases a los pioneros de la guitarra
eléctrica de estos nutridos lugares.
Todo vuelve, dicen los que saben. El rock
renueva su sangre. Somos muchos, los músicos y amigos de los músicos del rock local,
que vamos por más y que formamos parte fundamental de este enorme y variopinto
atrapasueños (valga la comparación), sutil artefacto de un pasado tribal y místico,
que nos ha ayudado a capturar y a manifestar este gran sueño, transformado en
una concreta realidad, llamada Ma-Rock.
Estimado lector, en estas páginas encontrará
anécdotas coloridas, las historias de las bandas, muchas fotos y evocativos recuerdos
proyectados con una mirada hacia el futuro. Está escrito con el espíritu vibrante
de los primeros recitales, cuando los muchachos de Ex-Corde y de Caos (ambos
grupos representantes locales) vislumbraron un encuentro de bandas que abriera
las puertas a las ciudades cercanas y a su expresión musical y, a su vez,
acompañara a la estudiantina.
El mismo espíritu de cofradía que se vivió en
las primeras reuniones en la casa de la calle Moreno 293 de Don Pedro Srur
(padre de músicos y colaboradores madariaguenses) para impulsar a los siguientes
Ma-Rocks y llegar hasta estos días; con otra impronta y nuevos organizadores
que, sin aflojar ante los inconvenientes, no cesan en el empeño por demostrar
que también somos tierra de rocanroleros.
Este libro puede tener algún error, en
determinada fecha o nombre, pues son muchos los años que pasaron y se
contraponen los testimonios. De todas maneras, el empeño en la persecución de
los datos, no ha tenido descanso y, créanlo, está concebido con la misma pasión
de los que suben, año tras año, al escenario del Ma-Rock. Por qué no mencionarlo,
y con mucho orgullo, también he subido a ese escenario varias veces.
Aún soportando el maremágnum de las nuevas
tendencias musicales, tengan esto por seguro, en 20 años más, algún joven leerá
estas páginas en el parque Anchorena o donde sea que el escenario este montado
y, al levantar su mirada verá, con curiosidad y apego, a esas letras gigantes
que decoran el recital inmortal de los pagos del Tuyú: Ma-Rock.
Miguel
Ángel Flores Manzo
*cervezas bien frías.
Los
primeros años
Y, por suerte, se hizo la luz…
Claro, sin electricidad es imposible, para los músicos, hacer funcionar
los amplificadores de sonido. ¿Qué sería del rock sin la corriente eléctrica?
En especial, si nos referimos a aquella sala de ensayo, improvisada en
un galpón, en la calle Ecuador 123 del Barrio Belgrano, en la ciudad de General
Juan Madariaga. Allí, en los primeros años de la década de los ochenta, las
bandas se juntaban a ensayar: Pus, de Pinamar, Ex-Corde, de Madariaga, Motor,
de Villa Gesell y, en ocasiones, Caos, de Madariaga. Cada tanto, algún músico solitario,
también se acercaba a “zapar”.
Un espíritu de compañerismo unía a las bandas de Villa Gesell, Madariaga
y Pinamar. Es notable que hasta el día de hoy eso suceda y, en cierta medida,
gracias al Ma-Rock.
En esos tempranos años de los ochenta, no había tantos músicos como en
la actualidad, mucho menos, que se animaran a mostrar sus ganas de rock and
roll (no olvidemos los tiempos convulsos que acontecían en la Argentina), De
todas maneras, de valientes está hecha la historia.
En la foto se aprecia a la banda Pus, en la Casa de la Cultura. Ensayo
previo al primer Ma-Rock.
“Cuando se estableció la fecha para el primer Ma-Rock, el día 16 de
Septiembre, yo quedé perplejo. Algo que parecía lejano, al fin, se haría
realidad.
En la casa de mi familia había un almanaque, bastante grande, colgado en
la pared. Yo marcaba los días, uno tras otro, como una cuenta regresiva,
ansioso por la fecha en vivo.” Declara, Nacho Rodríguez, bajista de Motor.
“¡Ufff…qué épocas esas! Tanto para contar. Recuerdo que en esa sala de
ensayo, donde nos reuníamos las bandas, había una batería de doble bombo. Por
allí andaban: Enzo Di Gaetano, “Kalú”, Carlitos Conti, que solía cantar, Darío
Disep y otros. A Marcelo Olivera le gustaba la cerveza con ginebra y, por lo
general, calentábamos motores con caña quemada.
Como banda, nos tomábamos muy enserio los desafíos. Pus se preparó siete
meses antes del primer Ma-Rock, con actitud y ensayo constante. Hubo reuniones
en la Casa de la Cultura, para sacar adelante ese primer encuentro de bandas, y
se hicieron presentes músicos de cada una de esas formaciones.
De Enzo Di Gaetano te puedo decir que era nuestro referente, sin duda.
Tocábamos con pedales de distorsión que el armaba con plaquetas; recuerdo,
también, que usaba un equipo marca Westone. Un genio, Enzo.
Una tarde, en plena zapada, mientras Carlos Conti cantaba (más bien
gritaba y desafinaba), el tema de Moris: “El oso” llovieron ladrillos. Ladrillos, literal, a
montones. ¡Ja, ja, ja…Los pobres vecinos ya no soportaban más!” Cuenta, Claudio
“Cherry “Echeverría, de Pus.
“Yo recuerdo que antes del primer Ma-Rock se realizó un lindo encuentro
de música. Era el día del niño y hubo algunas bandas de rock; el escenario se
dispuso en la esquina de las calles Avellaneda y Sarmiento.
Éramos el dúo Sapo, “Manija” Santos y yo y, si no recuerdo mal, quien
hacía de presentador, era el querido “Flaco” Gervasio. “ Recuerda con
nostalgia, Ramiro la Frossia.
“Componíamos temas sencillos. No hablábamos de política, aunque… mirándolo
en retrospectiva, teníamos nuestra postura antisistema y antirepresión.
Tomábamos clases de guitarra clásica con Fasanelli, pero todo explotó cuando Darío
Disep, gracias a su primo que era amigo de los Ratones Paranoicos, apareció con
los acordes de quintas. Ahí sí... ¡Todo fue Rock! Apenas teníamos 16 años.
Subíamos al colectivo Montemar para asistir a la escuela técnica de
Madariaga, como muchos jóvenes de Pinamar. Por supuesto, los profesores no nos
querían, no les gustaban nuestros pelos largos ni nuestra rebeldía. Creo que
todo eso se reflejaba en nuestras letras.” Cita, reflexivo, “Cherry”
Echeverría, al ser entrevistado. Por suerte, recordaba parte de las letras de
las siguientes canciones de Pus: Rock de la pus y Perro Sarnoso.
“Emana de tus granos, chorrea por tus manos cuando los aprietas. ¡Es el
rock de la pus! Fíjate si tienes un grano, vas a ver, te va a gustar…”
“Nadie te quiere acariciar, estás podrido. Vas por el mundo… ¿Pero… adónde
vas, perro abandonado? La sarna te tiene mal y destruido. Sin cuero te
quedarás, es tu castigo. Ya no te importa, te da igual… es tu destino. Ningún
perro querrá ser tu amigo. Tu vida, es una vida de perros”
Diego Martínez, Nacho Rodríguez, Claudio Echeverría, Marcelo Olivera y
Darío Disep
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Luz de luna Bañada en sudor plateado, la mujer que ha fornicado, camina por los pasillos desnuda. Desea, en los brazos d...
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Arte de regar con lágrimas Temprano, cada mañana, riega sus gazanias. Desde el alma las riega con lluvia de amargas lágrim...





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